lunes, 16 de enero de 2017

Claves del anticapitalismo y el antimperialismo hoy




El primer homenaje que recibió Fidel al morir fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible.

En esos días del duelo Fidel libró su primera batalla póstuma, y volvió a mostrarle a todos, como en 1953, el camino verdadero.
Hoy, cuando vamos a compartir acerca de los caminos de las luchas –porque lo verdadero son las luchas–, es natural comenzar con la ayuda de Fidel, y emular con sus ideas y sus actos para sacarles provecho, no imitándolos, sino traduciéndolos a nuestras necesidades, situaciones y acciones.
Para sacarle provecho a Fidel, tenemos que evitar repetir una y otra vez lugares comunes y consignas. Conocer más las creaciones y las razones que lo condujeron a sus victorias, las dificultades y los reveses que Fidel enfrentó, lo que pensó sobre los problemas, sus acciones concretas, puede aportarnos mucho, y de esa manera será más grande su legado.
En el tiempo de su vida pueden distinguirse tres aspectos: Fidel, joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana y el líder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial Fidel brinda un gran número de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Quisiera enumerar muy brevemente algunas de las características de su legado que me parecen importantes para nuestros objetivos:
1-Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria al mismo tiempo que se forman y educan factores humanos y sociales para poder enfrentar situaciones futuras, y mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones convertir las posibilidades en nuevas realidades.
2- No aceptar jamás la derrota. Fidel nunca se quedó conviviendo con la derrota, sino que peleó sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedió: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificación y la batalla de ideas. En 1953 respondió a la derrota del Moncada con un análisis acertado de la situación para guiar la acción. Cuando todos creían que era un iluso, se reveló como un verdadero visionario. En 1956, cuando el desastre del Granma, respondió con una formidable determinación personal y una fe inextinguible en mantener siempre la lucha elegida, por saber que era la acertada.
En 1970, comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”. En1985, fue prácticamente el primero que se dio cuenta de lo que iba a hacer la URSS, que le traería a Cuba soledad, desastre económico y más grave peligro de ser víctima del imperialismo, pero su respuesta fue ratificar que el socialismo es la única solución para los pueblos, la única vía eficaz y la única bandera popular, que lo necesario es asumirlo bien y profundizarlo. Entonces movilizó al pueblo y acendró su conciencia, y sostuvo firmemente el poder revolucionario. En el 2000, ante la ofensiva mundial capitalista y los retrocesos internos de la Revolución cubana en la lucha para sobrevivir, lanzó y protagonizó la batalla de ideas, con sus acciones en defensa de la justicia social, su movilización popular permanente y su exaltación del papel de la conciencia.
No me va a dar tiempo a exponer cada punto, aunque fuera brevemente, así es que me limitaré a mencionarlos, con la intención de estimular el interés en el estudio de Fidel.
3- La determinación de luchar en todas las situaciones. Sería muy conveniente considerar como concepto a la determinación personal, en el estudio de los que se lanzan a lograr transformaciones sociales. La praxis es decisiva.
4- Organizar, fue una constante, una fiebre de Fidel. Ojalá que este sea uno de los temas principales de este taller.
5- La comunicación siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente, es una de las dimensiones fundamentales de su grandeza y es uno de los requisitos básicos del liderazgo.
6- Utilizar tácticas muy creativas, y estrategias impensables, y sin embargo factibles.
7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder. Se puede discutir casi eternamente acerca el poder en términos abstractos, pero solo las prácticas revolucionarias logran convertir al poder en un problema que pueda resolverse.
8- Crear los instrumentos y los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos al servicio de ellas.
9- Ser más decidido, más consciente y organizado, y más agresivo que los enemigos.
10- Enseñar y aprender al mismo tiempo con los sectores del pueblo que participan o que simpatizan, y después con todo el pueblo. Avanzar hacia formas de poder popular.
11- El gran logro cubano, unir la liberación nacional a la revolución socialista.
12- Ser siempre un educador. Hacer educación a escala del pueblo. Que el pueblo se levante espiritualmente y moralmente, para que se vuelva participante consciente y capaz de todo, complejice sus ideas y sus sentimientos y enriquezca sus vidas.
13- Que la concientización esté en el centro del trabajo político, no solo para avanzar y ser mejores, sino para que la política llegue a convertirse en una propiedad de todos.
Siento que la mayor lección que le brinda Fidel a los luchadores de América Latina actual es lo que pensó y lo que hizo entre 1953 y 1962.
Puede ser muy valioso ponernos de acuerdo para estudiar, discutir y socializar ese período.
Desde hace un año estamos oyendo decir que la situación en nuestro continente se ha vuelto cada vez más difícil, por que acontecen hechos adversos a los pueblos, y por la ofensiva del imperialismo y sus cómplices de clases que son a la vez dominadas por él y dominantes en sus países. Aunque parezca que empiezo por el final, quisiera comenzar con un comentario acerca de las relaciones que existen entre dificultades y revolución.
Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolución, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Cuando puedan parecernos fáciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades. Y es así porque estas revoluciones, a las que amamos y por las que estamos dispuestos a todo, son las iniciativas más audaces y arriesgadas de los seres humanos, que emprenden transformaciones prodigiosas liberadoras de las personas y de las relaciones sociales, a tal grado que nunca más quieran, ni puedan, volver a vivir en vidas y sociedades de dominación y de violencias y daños de unos contra otros, de individualismo y afán de lucro. Son revoluciones que pretenden ir creando personas cada vez más plenas y capaces, y realidades que contengan cada vez más libertad y justicia, donde entre todos se logre cambiar el mundo y la vida. Es decir, crear personas y realidades nuevas.
Si lo que acabo de decir le parece imposible al mundo existente y las creencias vigentes en la prehistoria de la humanidad, al sentido común y al consenso con lo esencial que mantiene a las sociedades sujetas al capitalismo, ¿cómo no va a ser sumamente difícil todo lo que hagamos y proyectemos? Si jamás las clases dominantes estarán dispuestas a admitir que se levante el pueblo y adquiera dignidad, orgullo de sí mismo y dominio de la situación, conciencia y organizaciones suyas, a su servicio y eficaces, que esté en el poder y que lo convierta en un poder popular, entonces hay que convenir en que en esas épocas todo se vuelve muy difícil para la causa del pueblo. El joven Carlos Marx avizoraba bien cuando escribió que solamente mediante la revolución podrán los dominados salir del fango en que viven metidos toda su vida, porque los cambios y la creación de nuevas sociedades exigen también liberaciones colosales de los enemigos íntimos que todos albergamos dentro. ¿Cómo no van ser tan difíciles las revoluciones de liberación?
Pero, si miramos bien y no nos dejamos desanimar, constataremos que el campo popular ya tiene mucho a su favor. Entremos con esas armas en un problema inmediato, que no es pequeño. La coyuntura actual expresa de manera escandalosa una carencia del campo popular que se ha ido acumulando en las últimas décadas, al mismo tiempo que esa carencia dejaba de ser percibida como una grave debilidad: la de un pensamiento verdaderamente propio, capaz de fundamentar su identidad en relación con su conflicto irremediable con la dominación del capitalismo, y capaz de servir para comprender las cuestiones esenciales de la época, las coyunturas, los campos sociales implicados y las fuerzas en pugna.
Un pensamiento, por consiguiente, fuerte, convincente y atractivo, al mismo tiempo que útil como instrumento movilizador y unificante de lo diverso, y como herramienta eficaz para guiar análisis y políticas acertadas que contribuyan a la actuación y a la formulación de proyectos.
Esa ausencia del desarrollo de un pensamiento poderoso del campo popular, crítico y creador, puede constatarse ante el estupor y la falta de explicaciones válidas que han abundado frente a los acontecimientos en curso en varios países latinoamericanos, que han registrado diferentes quebrantos, derrotas o retrocesos de procesos que han sido favorables a sus poblaciones y a su autonomía frente al imperialismo en lo que va de este siglo. En lugar de análisis coherentes, profundos y orientadores hemos escuchado o leído más de una vez comentarios superficiales revestidos con palabras que quisieran ser conceptos, o dogmas que quisieran cumplir funciones de interpretación.
Nada se avanza cuando se tilda de malagradecidos a sectores pobres o paupérrimos que mejoraron su alimentación y sus ingresos, y tuvieron más oportunidades de ascender uno o dos peldaños desde el fondo del terrible orden social, porque no han sido activos en defender a gobiernos que los han favorecido, o hasta les han vuelto la espalda en determinados eventos que les aportan triunfos a los reaccionarios. Y hasta se intenta explicar esos sucesos con retazos de una supuesta teoría de las clases sociales, como cuando se repite la proposición absurda de que “se convirtieron en clase media, y ahora actúan como tales”. Es preferible comenzar por ser precisos ante los hechos y partir siempre de ellos, como cuando el dirigente del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, Joao Pedro Stedile, dice: “Tenemos muchos retos de corto plazo para poder enfrentar a los golpistas. La clase trabajadora sigue en casa, no se movilizó. Se movilizaron los militantes, los sectores más organizados. Pero el 85 por ciento de la clase sigue viendo novelas en la televisión”.
Tampoco se va lejos cuando se elaboran y discuten explicaciones de los eventos y las situaciones políticas e ideológicas candentes de la coyuntura a base de menciones acerca del fin de ciclos de altos precios de las materias primas, ni siquiera cuando economistas capaces ofrecen datos serios y añaden el descenso de la dinámica de la economía mundial y otros factores y procesos adversos.
Simplificando un poco más, habríamos tenido unos quince años de victorias electorales, gobiernos llamados progresistas y notables logros por medidas sociales, una fuerte autonomización de gran parte del continente respecto a los dictados de Estados Unidos y avances en las relaciones bilaterales y las coordinaciones de los países de la región hacia una futura integración, solamente porque tuvimos un largo ciclo de altos precios de exportación de las materias primas, algo que es explicable por los avatares de la economía mundial. Y como ahora esta se mueve en otro sentido y bajan los precios, debe terminar el ciclo político y social, y “la derecha” debe avanzar y recuperar sin remedio la posición dominante que había perdido.
Una persona con buena memoria y escasa credulidad se preguntaría enseguida cómo fue posible que a inicios de los años setenta del siglo pasado no sucediera en la región lo mismo que a inicios de este siglo, en cuanto a elecciones victoriosas, buenas políticas sociales y más autonomía de los Estados y horizontes integracionistas. Porque en aquella coyuntura subieron mucho los precios de las materias primas y, además, en buena parte de la región se vivían aumentos más o menos grandes del sector industrial, con ayuda de aquellos redesplazamientos jubilosos del gran capital en busca de maximización de ganancias que hoy tanto disgustan a Donald Trump.
Lo que sucedió entonces fue totalmente diferente: dictaduras, represiones que llegaron hasta el genocidio, conservatización de las sociedades y otros males, que no deben ser olvidados. Por consiguiente, hay que concluir, no es verdad que a determinada situación económica le “correspondan” necesariamente ciertos hechos políticos y sociales, y no otros.
En este caso estamos ante una de las deformaciones y reduccionismos principales que ha sufrido el pensamiento revolucionario, quizás la más extendida y persistente de todas: la de atribuir una supuesta causa “económica” a todos los procesos sociales. Detrás de su aparente lógica está la cosificación de la vida espiritual y de las ideas sociales que produjo el triunfo del capitalismo, que es aceptada por aquellos que pretenden oponerse al sistema sin lograr salir de la prisión de su cultura, y la consiguiente incapacidad de comprender que son los seres humanos los protagonistas de todos los hechos sociales.
Tres procesos sucedidos dentro las últimas cuatro décadas han tenido un gran impacto y muy duraderas consecuencias para nuestro continente.
El estrepitoso final del sistema que llamaban del socialismo real y sus constelaciones políticas en el mundo, con consecuencias tan negativas en numerosos terrenos. El de la imposibilidad para la mayoría de los países del planeta de lograr el desarrollo económico autónomo de un país sin que necesariamente saliera del sistema del capitalismo. La terrible realidad fue la continuación de regímenes de explotación, opresiones y neocolonialismo, sin que fuera posible desplegar economías nacionales autónomas y capaces de crecer en beneficio del pleno empleo, más producción y productividad, servicios sociales suficientes para todos y una riqueza propia que repartir. El tercer proceso fue el de la consumación del dominio de Estados Unidos sobre casi todo nuestro continente. El capitalismo en América Latina transitó un largo camino de evoluciones neocolonializadas, sobredeterminadas por el poder de Estados Unidos, que lo dejó mucho más débil y subalterno.
Las lecciones que nos brindan esos tres procesos están claras y son sumamente valiosas. Una, todos los avances de las sociedades son reversibles, aun los que se proclamaban eternos; es imprescindible conocer qué es realmente socialismo y qué no lo es. Hay que comprender y organizar la lucha por el socialismo desde las complejidades, dificultades e insuficiencias reales, sin hacer concesiones, como procesos de liberaciones y de creaciones culturales que se vayan unificando. Dos, el capitalismo es un sistema mundial, actualmente hipercentralizado, financiarizado, parasitario y depredador, que solo puede vivir si sigue siéndolo, por lo que no va a cambiar. Las clases dominantes de la mayoría de los países necesitan subordinarse y ser cómplices de los centros imperialistas, porque no existe espacio ni tienen suficiente poder para pretender ser autónomos. La actividad consciente y organizada del pueblo, conducida por proyectos liberadores, es la única fuerza suficiente y eficaz para cambiar la situación. Para la mayoría de los países del planeta, serán los poderes y los procesos socialistas la condición necesaria para plantearse el desarrollo, y no el desarrollo la condición para plantearse el socialismo, como dijo Fidel en 1969.
Tres, Estados Unidos hace víctima a este continente tanto de su poderío como de sus debilidades, como una sobredeterminación en contra de la autonomía de los Estados, el crecimiento sano de las economías nacionales y los intentos de liberación de los pueblos. La explotación y el dominio sobre América Latina es un aspecto necesario de su sistema imperialista, y siempre actúa para impedir que esa situación cambie. Por tanto, es imprescindible que el antimperialismo forme parte inalienable de todas las políticas del campo popular y de todos los procesos sociales de cambio.
Como era de esperar, el capitalismo pasó a una ofensiva general para sacarle todo el provecho posible a aquellos eventos y procesos, y establecer el predominio planetario e incontrastado de su régimen y su cultura. El objetivo era, más allá de las represiones y las políticas antisubversivas, consolidar una nueva hegemonía que desmontara las enormes conquistas del siglo XX, manipulara las disidencias y protestas inevitables, y las identidades, impusiera el olvido de la historia de resistencias y rebeldías, y lograra generalizar el consumo de sus productos culturales y el consenso con su sistema de dominación.
Esa ofensiva no terminó, sino que se consolidó como una actividad sistemática, que sigue siéndolo hasta hoy. Es dentro de ese marco general que en cierto número de países de América Latina y el Caribe, que es la región del mundo con mayor potencial de contradicciones que pueden convertirse en acciones contra el sistema, movimientos populares combativos y victorias electorales produjeron cambios muy importantes de la situación general, a favor de sectores muy amplios de la población y de la capacidad de actuación independiente de una parte de los Estados.
La institucionalidad y las reglas políticas del juego cívico no fueron violadas para acceder y mantenerse en el gobierno, pero dentro de ese orden se han logrado reales avances, que sintetizo en seis aspectos: políticas sociales que benefician a amplios sectores necesitados; ejercicios de la ciudadanía mucho más amplios y mejores; cambios muy positivos en la institucionalidad en algunos de esos países; un rango apreciable de autonomía en el accionar internacional; más relaciones bilaterales latinoamericanas; y adelantos en las relaciones y coordinaciones de los países de la región, bajo la advocación de la necesidad de una integración continental.
No me detengo en esas nuevas realidades, que han alentado muchas motivaciones y esperanzas de avanzar hacia cambios más profundos, y han recuperado la noción del socialismo como el horizonte a conquistar, pocos años después de aquel colapso europeo que el capitalismo pretendió que fuera definitivo a escala mundial. Pero si quiero enfatizar dos cuestiones que el militante social y político debe analizar, conocer y manejar en sus prácticas. Primera, cada país tiene características, dificultades, acumulaciones históricas y condicionamientos que son específicos de él y resultan decisivos, al mismo tiempo que existen rasgos y necesidades comunes a la región que pueden ser fuente de aumento de la fuerza y el potencial de cada país, si somos capaces de desarrollar la cooperación y el internacionalismo.
Segunda, los poderes establecidos en estos países confrontan enormes limitaciones, porque tienen muy poco control de la actividad económica, y padecen la hostilidad de una parte de los propios poderes del Estado y de los medios de comunicación.
Al hacer un balance de 2016, podemos constatar lo específico de cada país. La gran victoria electoral legislativa de la reacción venezolana no consiguió deponer a Maduro, y ahora se encuentra sin fuerza, unidad ni líderes suficientes para intentarlo. Pero en Brasil una pandilla de delincuentes logró todo lo que quiso, sin que haya fuerzas populares organizadas para resistir con alguna eficacia. Los procesos de Bolivia y Ecuador se mantienen fuertes y estables ante sus situaciones específicas, y en Nicaragua el FSLN acaba de ganar otra vez las elecciones muy holgadamente. En México no es probable un triunfo de partidos opositores en 2 018, aunque el prestigio del equipo gobernante está muy deteriorado y existen manifestaciones de protesta y resistencia no articuladas.
Estas especificidades, y muchas otras de tamaño y sentido diferentes, podrían irse enumerando, pero seguiría en pie un problema de gran envergadura: Estados Unidos continúa su ofensiva general dirigida a recuperar todo el control neocolonial sobre América Latina –incluida una “ofensiva de paz” contra Cuba–, y el bloque que forma con los sectores reaccionarios y entreguistas de cada país continúa tratando de cancelar o ir debilitando los procesos de los últimos quince años de la región.
¿Será suficiente el voto, la voluntad popular expresada en las urnas, al menos para defender con éxito las políticas sociales, los funcionarios electos y la legalidad existente, y que ellos no sean burlados, quebrantados o eliminados por la reacción? ¿Podrán seguir existiendo los procesos basados en una institucionalidad sin cambios en el suelo social y político para lograr transformaciones que beneficien a la población y abran paso a sociedades más justas y mejor gobernadas? ¿O, en unos casos, esa vía solo franqueará una forma intermedia de reconstitución a mediano plazo del poder del capitalismo en la región, en apariencia más avanzada que las formas previas, pero que en realidad habría sido solamente su puesta al día, sin afectar a lo esencial del sistema de dominación? Mientras que en otros países del continente se ha permanecido bajo el control del sistema y de camarillas que detentan o administran el poder.
Nada está decidido, ni nuestros enemigos ni nosotros tenemos la victoria al alcance de la mano. Pero albergo la certeza de que las batallas ideológicas y políticas serán las que determinarán la decisión en el enfrentamiento general. Destaco tres direcciones principales para el trabajo de análisis: a) buscar con rigor y sin omisiones todos los datos y todas las percepciones y formulaciones ideológicas que tengan alguna importancia –porque tanto unos como las otras constituyen las realidades que existen–, analizarlas por partes e integralmente, encontrar y formular lo esencial y describir al menos lo secundario; b) examinar y valorar los condicionamientos que sean relevantes para nuestra actuación, institucionales, económicos, ideológicos, políticos o de otro tipo; c) analizar y conocer las identidades, motivaciones, demandas, capacidad movilizativa y grado de organización con que contamos, y lo que está a favor de nuestros adversarios en esos mismos campos, es decir, la correlación de fuerzas. E insisto en que son las actuaciones de los seres humanos la materia principal de los eventos que mañana serán históricos.
La reacción no está proponiendo ideas, está produciendo acciones. No maneja fundamentaciones acerca de la centralidad que debe tener el mercado, la reducción de las funciones del Estado, la apología de la empresa privada y la conveniencia de subordinarse a Estados Unidos. No es a través del debate de ideas que pretende fortalecer y generalizar su dominio ideológico y cultural. El anticomunismo y la defensa de los viejos valores tradicionales ya no son sus caballos de batalla, ni los viejos organismos políticos son sus instrumentos principales.
Desde hace veinte años vengo planteando que el esfuerzo principal del capitalismo actual está puesto en la guerra cultural por el dominio de la vida cotidiana, lograr que todos acepten que la única cultura posible en esa vida cotidiana es la del capitalismo, y que el sistema controle una vida cívica despojada de trascendencia y organicidad.
Lamento decir que todavía no hemos logrado derrotar esa guerra cultural.
Obvio aquí la mayor parte de lo que he expuesto acerca de sus rasgos, los factores a su favor y en contra suya, y sus condicionamientos, y comento solo lo más cercano a nuestro tema. El consumo amplio y sofisticado, que está presente en todas las áreas urbanas del mundo, pero al alcance solamente de minorías, es complementado por un complejo espiritual “democratizado” que es consumido por amplísimos sectores de población. Se tiende así a unificar en su identidad a un número de personas muy superior al de las que consumen materialmente, y lograr que acepten la hegemonía capitalista. La mayoría de los “incorporados” al modo de vida mercantil capitalista son más virtuales que reales. Pero, ¿formarán ellos parte de la base social del bloque de la contrarrevolución preventiva actual? El capitalismo alcanzaría ese objetivo si consigue que la línea divisoria principal en las sociedades se tienda entre los incorporados y los excluidos. Los primeros – los reales y los potenciales, los dueños y los servidores, los vividores y los ilusos– se alejarían de los segundos y los despreciarían, y harían causa común contra ellos cada vez que fuera necesario.
La reproducción cultural universal de su dominio le es básica al capitalismo para suplir los grados crecientes –y contradictorios– en que se ha desentendido de la reproducción de la vida de miles de millones de personas a escala mundial, y se apodera de los recursos naturales y los valores creados, a esa misma escala. Para ganar su guerra cultural, le es preciso eliminar la rebeldía y prevenir las rebeliones, homogeneizar los sentimientos y las ideas, igualar los sueños. Si las mayorías del mundo, oprimidas, explotadas o supeditadas a su dominación, no elaboran su alternativa diferente y opuesta a él, llegaremos a un consenso suicida, porque el capitalismo no dispone de un lugar futuro para nosotros.
Les he aclarado a compañeros que aprecio mucho que el capitalismo no intenta imponer un pensamiento único, como ellos afirman, sino inducir que no haya ningún pensamiento. Está en marcha un colosal proceso de desarmar los instrumentos de pensar y la costumbre humana de hacerlo, de ir erradicando las inferencias mediatas, hasta alcanzar una especie de idiotización de masas.
La situación está exigiendo revisar y analizar con profundidad y con espíritu autocrítico todos los aspectos relevantes de los procesos en curso, todas las políticas y todas las opciones. Esa actitud y las actuaciones consecuentes con ella son factibles, porque el campo popular latinoamericano posee ideales, convicciones, fuerzas reales organizadas y una cultura acumulada. Una enseñanza está muy clara: distribuir mejor la renta, aumentar la calidad de la vida de las mayorías, repartir servicios y prestaciones a los inermes es indispensable, pero no es suficiente. Alcanzar victorias electorales populares dentro del sistema capitalista, administrar mejor que sus pandillas de gobernantes, e incluso gobernar a favor del pueblo a contracorriente de su orden explotador y despiadado, es un gran avance, pero es insuficiente. Vuelve a demostrar su acierto una proposición fundamental de Carlos Marx: la centralidad de una nueva política en la actividad del movimiento de los oprimidos, para lograr vencer y para consolidar la victoria.
Estamos abocándonos a una nueva etapa de acontecimientos que pueden ser decisivos, de grandes retos y enfrentamientos, y de posibilidades de cambios sociales radicales. Es decir, una etapa en la que predominarán la praxis y el movimiento histórico, en la que los actores podrían imponerse a las circunstancias y modificarlas a fondo, una etapa en la que habrá victorias o derrotas.
Comprender las deficiencias de cada proceso es realmente importante.
Pero más aún lo es actuar. Concientizar, organizar, movilizar, utilizar las fuerzas con que se cuenta, son las palabras de orden. No se pueden aceptar expresiones de aceptación resignada o de protesta timorata: hay que revisar las vías y los medios utilizados y su alcance, sus límites y sus condicionamientos. Y hacer todo lo que sea preciso para que no sea derrotado el campo popular. La eficiencia para garantizar los derechos del pueblo y defender y guiar su camino de liberaciones debe ser la única legitimidad que se les exija a las vías y a los instrumentos. Las instituciones y las actuaciones tendrán su razón de ser en servir a las necesidades y los intereses supremos de los pueblos, a la obligación de defender lo logrado y la confianza y la esperanza de tantos millones de personas. Esa debe ser la brújula de los pueblos y de sus activistas, representantes y conductores.
En la época que comienza se está levantando una concurrencia de fuerzas muy diferentes e incluso divergentes, a quienes unirán necesidades, enemigos comunes y factores estratégicos que van más allá de sus identidades, sus demandas y sus proyectos. Y solamente tendrá probabilidades de triunfar una praxis intencionada, organizada, capaz de manejar los datos fundamentales, las valoraciones, las opciones, la pluralidad de situaciones, posiciones y objetivos, las condicionantes y las políticas que están en juego.
La radicalización de los procesos deberá ser la tendencia imprescindible para su propia sobrevivencia. Serían suicidas los retrocesos y las concesiones desarmantes frente a un enemigo que sabe ser implacable, pero lo principal es que –dado el nivel que han alcanzado la cultura política de los pueblos y las esperanzas de libertad, justicia social y bienestar para todos– los movimientos, los poderes y los líderes prestigiosos y audaces solo podrán multiplicar las fuerzas populares y tener opción de vencer si ponen la liberación efectiva de los yugos del capitalismo en la balanza de sus convocatorias a luchar.
La política revolucionaria no puede conformarse con ser alternativa.
La naturaleza del sistema lo ha situado en un callejón sin salida en general, pero su poder y sus recursos actuales le permiten un amplio arco de respuestas contra los procesos en curso, y también puede dejarle un nicho de tolerancia a algunas alternativas mientras combina la inducción y la espera hasta que se desgasten. En la medida en que vayamos obteniendo triunfos y cambios de nosotros mismos, convertiremos las alternativas en procesos de emancipación humana y social.
Mientras exista la opresión, la explotación y la dominación capitalista, no habrá soluciones ni regímenes políticos y sociales satisfactorios para las mayorías, ni serán duraderos. La liberación de los seres humanos y las sociedades es lo que abrirá las puertas a la creación de un mundo nuevo. ¿Parece demasiada ambición? Sí, naturalmente. Pero es lo único factible.

Fernando Martínez Heredia

Destacan en América Latina el fin de la política de pies secos-pies mojados

Los Gobiernos de países involucrados en el trasiego irregular de cubanos hacia Estados Unidos, reaccionaron de manera positiva al acuerdo entre ambos estados

Ante la derogación del Programa de Parole para profesionales médicos cubanos, y de la política de pies secos-pies mojados —implementada hace 20 años por la administración de Bill Clinton— los Gobiernos de países involucrados en el trasiego irregular de cubanos hacia Estados Unidos, reaccionaron de manera positiva al acuerdo entre ambos estados, que pro­cura una migración legal, organizada y segura.
En Panamá, el jefe del Servicio Nacional de Migración, Javier Carrillo, expresó que esta decisión desmotivará el ingreso irregular de cubanos a Panamá en su tránsito por Ecuador hacia ee.uu., porque ya no tienen el «privilegio» de permanecer legalmente en el país norteamericano, aseveró Carrillo.
Agregó que el Gobierno panameño tratará a los cubanos que se encuentran cruzando el país, de la misma manera que al resto de los migrantes indocumentados.
El Gobierno de Costa Rica anunció su satisfacción por el cambio en la política estadounidense de «pies secos, pies mojados», al considerar que esta promovía el tráfico ilegal de personas en la región.
Esa nación centroamericana fue una de las afectadas por la migración irregular de cubanos que buscaban alcanzar territorio estadounidense por vía terrestre, estimulados por las condiciones preferenciales que recibían en ese país hasta el pasado 12 de enero.
Por su parte, Fred Mitchell, ministro de Relaciones Exteriores de Bahamas, valoró que los privilegios mi­­gratorios para los nacionales de Cu­ba impulsó durante años el aumento de los desembarcos ilegales en las costas bahamesas. El Gobierno bahamés espera que el acuerdo tenga continuidad tras la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, in­dicó el Canciller, citado por el diario Jamaica Observer.
Ecuador, otro país de trán­sito, igualmente aplaudió la eliminación de aquella po­lítica iniciada en 1995. Guillaume Long, ministro de Re­laciones Exteriores de ese país sudamericano, dio a conocer a través de las redes sociales su satisfacción, en nombre del país que representa, por la decisión de poner fin a «pies secos, pies mojados», algo que Ecuador y otros países «pedimos en agosto del 2016».
Los cancilleres de Ecuador, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Mé­xico, Panamá, Perú y Ni­caragua, afectados por el flujo irregular de cubanos a ee.uu., pidieron a Washington revisar su política migratoria hacia la Isla el pasado año.
Entonces, la misión de E­cua­dor en Washington en­­tregó al secretario de Estado de ee.uu., John Kerry, una carta en la que solicitaron una reunión de alto nivel pa­ra analizar la migración de ciudadanos cubanos hacia puntos fronterizos es­tadounidenses. Los can­ci­­lle­res exponían que la Ley de Ajuste Cubano y la política pies secos, pies mojados constituían un estímulo al flujo desordenado, irregular e inseguro de ciudadanos cubanos que, arriesgando sus vidas, transitan por nuestros países con el propósito de llegar a cualquiera de los puntos fronterizos estadounidenses.
En una declaración a la que accedió Prensa Latina, James Williams, líder de la coalición Engage Cuba, promotora de mejores vínculos entre los dos países, calificó el anuncio de la Casa Blanca de «un paso lógico, responsable e importante hacia la normalización de las relaciones bilaterales».

Granma

EE.UU. reconoce sus mentiras

Ha tenido que transcurrir medio siglo para que finalmente el gobierno de Estados Unidos reconozca que los cubanos no salen de Cuba “huyéndole al comunismo”, como afirmaron al aprobar en 1966 la Ley de Ajuste Cubano para engañar al mundo.
Después de años de campañas difamatorias contra la Revolución cubana y erogando miles de millones de dólares en mantener a los cubanos que arribaban sin visas al territorio norteamericano, han tenido que aceptar que esa emigración es puramente económica y en buena medida creada por la propia política de la Casa Blanca, obstinada en mantener una despiadada guerra económica contra Cuba.
Esa misma guerra económica, comercial y financiera impuesta en 1962 para evitar la satisfacción de las necesidades del pueblo por parte del régimen comunista, como consta en documentos oficiales de la CIA ya desclasificados, provocó a partir de 1980 olas migratorias que pretendían desestabilizar al sistema socialista y al final se revirtió sobre los propios Estados Unidos, creándole serios problemas internos.
No hay país en el mundo que hubiese podido resistir tantas agresiones juntas, ni los propios Estados Unidos soportarían un bloqueo económico y comercial por un mes, los ciudadanos al constatar la escasez de productos saldrían a derribar de inmediato al Presidente de turno.
Pero eso no pasa en Cuba porque, aunque no quieran reconocerlo, el proceso revolucionario es auténtico, el pueblo sabe leer y escribir gratuitamente gracias a la Revolución, posee altos niveles de salud, cultura, seguridad social y niveles de igualdad de género y racial, como jamás tuvo durante 58 años de capitalismo que provocó el alzamiento de miles de jóvenes para luchar contra la dictadura batistiana, apoyada totalmente por Washington.
Ahora el mundo comprenderá las razones de Cuba en sus continuas demandas contra la criminal Ley de Ajuste Cubano y su política de pies secos-pies mojados que privilegiaba solo a los cubanos, como también ira percatándose de cuánto hay de manipulación en las posiciones de los Congresistas de origen cubano, que dominan las campañas anticubanas en el Senado y la Cámara de Representantes.
Una prueba de esa manipulación la acaba de dar hace pocas horas el senador Marco Rubio, el mismo que hizo recientes declaraciones a favor de modificar los privilegios que otorga a los cubanos la llamada Ley de Ajuste, pero al conocer la derogación de la política del llamado Parole Humanitario, solo para el personal de la salud cubana que presta su ayuda en países del mundo, anda chillando para que el robo de médicos, enfermeros y técnicos de la salud, se restablezca.
La resistencia y unidad de Cuba es el antídoto que le permite mantener su sistema socialista que tanto molesta a Estados Unidos, pero la verdad se va abriendo paso porque no puede taparse el sol con un dedo y menos cuando la Isla es visitada anualmente por 4 millones de personas del mundo que observan las diferencias con otros países del tercer mundo, comprueban las necesidades y limitaciones económicas producto del Bloqueo, y también la fuerza del pueblo por levantarse de esas dificultades.
Preciso fue José Martí al expresar: “Esperar para creer demuestra sensatez y verdad”.

Arthur González. Especialista en relaciones Cuba-EE.UU. y editor del Blog El Heraldo Cubano.

sábado, 14 de enero de 2017

Ernesto 'Che' Guevara (inédito 1963)




Discurso completo del Comandante en el Fórum de
Energía Éléctrica. La Habana. Cuba. Noviembre de 1963.

Luis Fernández Oña, un cubano que amaba a Chile

El 20 de diciembre murió en La Habana el revolucionario cubano Luis Fernández Oña, de sólidos vínculos políticos y familiares con Chile. Desde muy joven abrazó las ideas revolucionarias y luchó en la clandestinidad contra la dictadura de Batista. Fue esposo de Beatriz (Tati) Allende Bussi, hija del presidente Salvador Allende, y padre de Maya (actual diputada del Partido Socialista) y de Alejandro, que vive en Nueva Zelanda. Desde los años 60 estuvo en tareas políticas y de inteligencia que lo relacionaron con numerosos dirigentes de la Izquierda chilena. Vino a Chile en varias oportunidades cuando no existían relaciones diplomáticas con Cuba. Lo hizo con distintos nombres integrando delegaciones cubanas a congresos científicos y deportivos. Los chilenos que lo conocieron en La Habana lo conocían como “Demid”. Pertenecía al equipo que dirigía el comandante Manuel Piñeiro Losada, viceministro del Interior y encargado de la inteligencia cubana.
Pero Luis Fernández Oña tampoco era su nombre real. Lo tomó de una lápida en el Cementerio Colón de La Habana, para usarlo en sus tareas clandestinas de militante del Partido Ortodoxo. El verdadero Fernández Oña fue un revolucionario venezolano fallecido en Cuba. Con el paso del tiempo, sin embargo, el cubano adoptó legalmente ese nombre con el cual falleció a los 80 años de edad.(1)
Nuestro Fernández Oña nació en el seno de una familia pobre en la capital cubana. Tuvo una hermana. Los padres eran de origen catalán. Estudió en una escuela pública y obtuvo una beca de una escuela politécnica en la provincia de Matanzas. A los 15 años comenzó su interés por la situación política de su país. Lo despertó el “aldabonazo” nacional que significó el suicidio de Eduardo Chibás, fundador en 1947 del Partido del Pueblo Cubano o Partido Ortodoxo. Chibás, que denunciaba en forma implacable la corrupción del gobierno de Carlos Prío Socarrás, se pegó un tiro el 5 de agosto de 1951 al concluir su programa semanal de radio. Falleció once días después. Chibás tomó esa decisión al no poder presentar las pruebas -que había prometido- de los negociados del ministro de Educación.
El Partido Ortodoxo se distinguía por su enérgica lucha contra la corrupción que producía la trenza política-negocios. Su símbolo era una escoba y su lema: “Vergüenza contra dinero”. Por esa actitud, el Partido Ortodoxo atrajo a sus filas a lo mejor de la juventud cubana, entre ellos al joven abogado Fidel Castro Ruz. Lo propio hizo el muchacho que aún conservaba su apellido catalán y que en el futuro sería Luis Fernández Oña. Ingresó a la Acción Cívica Ortodoxa y comenzó a participar en las protestas contra el gobierno de Prío Socarrás y enseguida en la lucha clandestina contra la dictadura de Fulgencio Batista, a partir del golpe de marzo de 1952. El 26 de julio del año siguiente, Fidel encabezó el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, acción que buscaba desatar una insurrección popular. La mayoría de los combatientes que siguieron a Fidel, procedían del Partido Ortodoxo.
Cuando Fidel y los pocos sobrevivientes del asalto al Moncada salieron en libertad, se constituyó formalmente el Movimiento 26 de Julio. Uno de sus primeros militantes fue Fernández Oña. Al triunfo de la revolución (1º de enero de 1959), participó durante unos meses en la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), promoviendo las Patrullas Juveniles. En 1960 integró la Comisión Nacional de Pioneros de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (la actual Unión de Jóvenes Comunistas). Dos años después fue reclutado por el viceministro del Interior, comandante Manuel Piñeiro, que lo encargó de los vínculos con la Izquierda chilena. Fernández Oña no sabía nada de Chile pero se puso a estudiar y comenzó a tratar a los chilenos que llegaban a La Habana haciendo largos viajes vía Praga. Entre ellos, Salvador Allende, Carlos Altamirano, Luis Corvalán, Volodia Teitelboim, María Elena Carrera, Miguel Enríquez, Luciano Cruz, Manuel Cabieses, y otros.
En 1967 conoció a Tati Allende que acompañaba a su padre en un viaje a la URSS, invitado al 50° aniversario de la Revolución Bolchevique. Tati -entonces casada con Renato Julio- se quedó en La Habana un tiempo. Fernández Oña estaba casado con una cubana y tenía dos hijos.
Al año siguiente se inició un pololeo en serio que culminó en 1970 cuando se casaron en La Habana.
A comienzos de 1970 se había creado el Departamento Liberación a cargo del comandante Piñeiro (“Barbarroja”). Era el conducto por el cual la revolución cubana se relacionaba con los movimientos revolucionarios y partidos de Izquierda en América Latina. Muchos cubanos se incorporaron a experiencias guerrilleras en Bolivia, Venezuela y otros países de América Latina. Luego Liberación se convirtió en el Departamento América del comité central del Partido Comunista de Cuba, siempre a cargo de Piñeiro. Fue reemplazado en 1992 por José Arbesu Fraga, ex encargado de la Oficina de Intereses Cubanos en Washington. Finalmente el Departamento fue desmantelado y su personal jubilado. Como funcionario de esos eslabones con la Izquierda latinoamericana, Fernández Oña estuvo varias veces en Chile como miembro de delegaciones cubanas a reuniones de Cepal (1968), deportistas (1969), veterinarios (1970), etc.
Cuando la victoria electoral del presidente Allende, Fernández Oña fue transferido al cuerpo diplomático. Estuvo a cargo de reabrir la embajada cubana en Chile hasta la llegada del embajador Mario García Incháustegui. Continuó en funciones diplomáticas como ministro consejero hasta el golpe de Estado de 1973. El personal de la misión cubana logró salir del país al día siguiente. En el avión soviético de Aeroflot iban Fernández Oña, su esposa Tati (embarazada del hijo que nacería en La Habana) y la pequeña Maya.
Tati Allende, que participó activamente en las tareas de solidaridad con el pueblo de Chile, se suicidó en octubre de 1977. Tenía 33 años. Fue víctima de una severa depresión provocada por la situación en su país y sobre todo por la dispersión de la Izquierda chilena. Militante socialista, también había militado en la sección chilena del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia, fundado por el Che. También lo hicieron otros socialistas como Arnoldo Camú, Celsa Parrau, Elmo Catalán, Carlos y Fernando Gómez, Rolando Calderón, etc.
Fernández Oña recordaba a Tati Allende de esa época: “Tenía una pesonalidad fuerte. Era una mujer de 25 años que se había graduado de médico. Vivía un proceso de maduración revolucionaria. Estábamos imbuidos de un gran espíritu idealista revolucionario. Ella comenzó a trabajar en un hospital. Estaba muy ligada a su padre y se identificaba con su pensamiento. Pero también se sentía motivada por la revolución cubana y las ideas y amistad que compartía con Miguel Enríquez, Bautista Van Schouwen, Luciano Cruz, y su primo Andrés Pascal Allende.Todo eso alentó su participación como militante”.
Al enjuiciar a muchos antiguos “amigos” de Cuba a los que conoció directamente, Fernández Oña decía: “En la Concertación está la mayor parte de la gente que tuvo relaciones con la revolución cubana. Algunos fueron muy amigos, pero ahora no quieren ni saber de nosotros. Tampoco les interesa la memoria histórica. Pero también hay gente muy buena que nos está apoyando. Y otros están muy ocupados en sobrevivir, no tienen tiempo para meterse en otras cosas. Pienso que en Chile hay mucha desinformación sobre Cuba. Todos los sectores sociales engullen la propaganda adversa que pinta a Cuba como un infierno. Pero quienes visitan mi país se dan cuenta que no es así, tampoco somos un paraíso pero estamos lejos de ser un infierno”.
Hasta el fin de su vida, Luis Fernández Oña mantuvo sus convicciones revolucionarias. Era militante del PCC y miembro de la Asociación de ex Combatientes de la Revolución. En una entrevista con PF en 2001 afirmó: “Estoy plenamente identificado con la revolución. He hecho y voy a hacer todo lo que sea beneficioso para ella. Soy revolucionario y punto”.

Punto Final

(1) Su nombre de nacimiento era Rodolfo Gallard Grau, según Eduardo Labarca ( La Tercera , 23/12/16)

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El Diario del Che y los guerrilleros cubanos

Luis Fernández Oña fue el primer cubano en leer el diario de campaña del Che Guevara en Bolivia, que llegó a Chile en películas fotográficas ocultas en discos de música folclórica del Altiplano.
Asi evocaba Fernánez Oña ese episodio:
“Estaba aquí (en Chile) cuando se produjo un contacto con Punto Final que permitió recibir las fotografías del diario, camufladas en unos long plays de música folclórica boliviana. Me acuerdo que nos reunimos Manuel Cabieses, Alejandro Pérez (gerente de PF) y yo en casa de Manuel, en Santos Dumont 280. Cuando comprobamos que los negativos parecían ser el Diario del Che (a la luz de una ampolleta, N. de PF) programamos un viaje de Mario Díaz a México y de ahí a Cuba con el diario (oculto en una muñeca que preparó Flora Martínez, esposa de Cabieses. N. de PF). Así se hizo y en Cuba se ratificó que el documento era auténtico”. A Fernández Oña también le correspondió participar en el episodio del rescate de los tres cubanos sobrevivientes de la guerrilla del Che:
“La primera señal en Chile la dio un ingeniero boliviano militante del ELN, que una noche llegó a golpear la puerta de la casa de Manuel Cabieses, entonces periodista del diario Ultima Hora y director de Punto Final . Aunque no se conocían le habló de los sobrevivientes que debían salir de Bolivia, para lo cual solicitó ayuda. Cabieses conversó con el periodista socialista Elmo Catalán, que era secretario de Carlos Altamirano. Elmo pertenecía a la rama chilena del ELN. Posiblemente él alertó a Cuba. Luego intervinieron miembros del Partido Comunista chileno que fueron a la frontera a esperar a los guerrilleros. Yo llegué a Chile por coincidencia. Me entrevisté con Luis Corvalán, con Carlos Altamirano y Elmo Catalán. Este se movilizó al norte para tratar que los guerrilleros entraran sin caer en manos de la policía. Finalmente entraron solos y llegaron a un retén de Carabineros. Era un momento de mucha efervescencia de la Izquierda en Chile. Por medio de un llamado telefónico desde La Habana se le pidió a Allende que ayudara a salir a los compañeros. Salvador los acompañó en el avión hasta Tahiti, donde los entregó al embajador cubano en Francia. Así, los guerrilleros llegaron a Cuba gracias al apoyo de las organizaciones políticas de Izquierda, al pueblo chileno y a la participación de Salvador Allende”.
Esta nota ha sido elaborada a partir de la entrevista a Fernández Oña que escribió Patricia Bravo en PF 491, marzo de 2001. También se ha consultado la entrevista de Hernán Soto en PF 647 (2007).

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 868, 6 de enero 2017.

La obra censurada de Fidel Castro: ¿cómo habría sido el mundo sin su paso?


"Para Cuba la cultura de EEUU no es desconocida o exótica: una ventaja frente a la guerra cultural"

Entrevista a Jesús Arboleya, profesor titular del Instituto de Relaciones Internacionales `Raúl Roa García´

Nota: esta entrevista fue realizada en el mes de noviembre, antes del fallecimiento del Comandante Fidel Castro.

Jesús Arboleya es uno de los mayores expertos cubanos en las relaciones Cuba-EEUU. Doctor en Ciencia Históricas, escritor, comentarista internacional en medios como teleSUR o Progreso Semanal, este profesor titular del Instituto de Relaciones Internacionales `Raúl Roa García´ (ISRI) nos recibe en su casa de La Habana.
Analizamos el presente, pasado y futuro de las relaciones entre ambos países y gobiernos. Nos dice que, ante la ofensiva ideológica y cultural desde el Norte, Cuba cuenta con una ventaja: que existe en el país un gran conocimiento de la cultura de EEUU, que no es algo exótico, ya que el contacto cultural permanente se remonta al origen de las dos naciones. `La cultura cubana –nos explica- está influenciada por la de EEUU desde siempre, en la música, los filmes, etc.´, lo que `no es algo malo´ en sí mismo.
Explica que Cuba es un crisol, una sociedad culturalmente mestiza, que ha conseguido `metabolizar culturas de fuera y las ha convertido en propias´. Hasta el propio reggaeton, señala: `existe incluso un reggaeton cubano´.
Por ello, Cuba es una sociedad `antixenófoba´.
Preguntado por las nuevas tácticas desde la Casa Blanca para influir cultural e ideológicamente en la sociedad cubana, Arboleya nos dice que `el gobierno de EEUU quiere influir no solo por esas vías, sino por todas: por la economía, la cultura, los medios de comunicación y el contacto entre personas´. Pero `una cosa es querer y otra es poder´, matiza.
De hecho, los famosos viajes `people to people´, que la Casa Blanca autoriza con la pretensión de que las personas visitantes de EEUU `contaminen de democracia y valores liberales´ la sociedad cubana, en el fondo consiguen un efecto inverso: `si se hiciera un estudio –asegura Arboleya- la mayoría de estaounidenses regresa de Cuba con una percepción muy distinta y más positiva de la realidad del país´.
Acerca de un hipotético levantamiento del bloqueo, asegura que `para Cuba, EEUU es su mercado natural´, y en términos económicos supondría un despegue inmediato, teniendo en cuenta solo los costos de flete para importar y exportar. `Pero –matiza- ya sabemos el coste de la dependencia´, por lo que el antídoto en ese escenario no puede ser otro que el de la `intervención decidida del Estado cubano´ para evitar dicho mecanismo de dominación por dependencia económica.
Sobre ciertas decepciones en algunas personas de izquierda, que consideran que el diálogo con EEUU sería una `concesión de Cuba´, Jesús Arboleya recuerda que `la razón del cambio de política de EEUU hacia Cuba no fue humanitaria. Fue la resistencia cubana, ayudada por la solidaridad internacional, la que consiguió una victoria histórica y sin paliativos de la Revolución cubana´ sobre el imperialismo norteamericano.
Eso sí, ahora en Cuba `se imponen nuevas maneras de enfrentar la hegemonía de EEUU´, un país que `no tiene relaciones normales con ningún país del mundo, incluso con muchos de sus aliados´. De hecho, las `contradicciones entre ambos gobiernos seguirán, porque no hay un solo punto en materia de política internacional en que Cuba y EEUU se puedan poner de acuerdo´.
Por ello, Arboleya cree que, más que `normalización de relaciones´ entre Cuba y EEUU, lo que se debe perseguir es una `convivencia entre contrarios´.

Cubainformación