lunes, 22 de mayo de 2017

Cineasta francés rodará una película sobre la historia de “Los Cinco”




Hace dos años escribimos en este blog sobre la posibilidad de una película basada en el libro Los últimos soldados de la Guerra Fría, del escritor brasileño Fernando Morais, y que cuenta la historia de Los Cinco, los héroes antiterroristas cubanos condenados injustamente a largas penas de cárcel en Estados Unidos y que regresaran a la Isla el 17 de diciembre de 2014 después de una prolongada lucha por su liberación encabezada por Fidel.
Pues acaba de darse a conocer que el cineasta francés Olivier Assayas, ganador del Premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes de 2016 por Personal Shopper, va a filmar con el título Wasp Network (Red Avispa) la saga de Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Fernando González, René González y Ramón Labañino, los Cinco Héroes cubanos protagonistas de esa historia real.
Según la revista brasileña Moderna, la productora A RT Features de ese país va a producir la película junto a la empresa francesa CG Cinema.

Iroel Sánchez

Gracias por provocar




En una nación que fue primero pensada, soñada, antes de institucionalizarse, sabido es que las banderas que nos representaron en los albores no fueron adquiridas en una tienda sino cosidas en el hogar por manos de mujeres cubanas.

Tampoco fue por vía comercial como llegaron las escarapelas a los sombreros de los mambises que muchas veces semidesnudos combatieron en desiguales condiciones frente al colonialismo español. Al igual que las pequeñas banderas construidas alrededor de las chapillas de los soldados que regresaban a la Isla después de combatir contra el apartheid en África, fueron elaboradas motu propio.
A pesar de su escasez de vestuario, no hay noticias de un mambí vestido con uniforme español, arropado en la bandera peninsular o utilizando la rayada indumentaria con que vestían los cubanos que combatían al lado de las tropas coloniales.
Siempre me ha llamado la atención cómo el naciente Ejército Rebelde se empeñó en poseer, desde los momentos en que aún era un pequeño núcleo nómada, sus propios uniformes, brazaletes y bandera que eran trasladados hacia la Sierra Maestra, junto a las municiones y medicamentos, pasando enormes vicisitudes, luego de ser elaborados en la más absoluta clandestinidad. Eran los mismos con que salieron a las calles de Santiago de Cuba los combatientes liderados por Frank País el 30 de noviembre de 1956.
O cómo en momentos de gran escasez, los alfabetizadores que en número de cien mil recorrieron Cuba, contaron con un único tipo de farol, uniforme, bandera y hasta himno que ahora es revisitado de forma burlona por algún reguetonero de efímera recordación, a lo que agregaría que en los años más duros del Período Especial los niños y adolescentes cubanos, muchas veces apoyados en la solidaridad de una familia hacia otra, no dejaron de asistir a sus escuelas uniformados.
Pero igualmente, es notable la ausencia entre nosotros, incluso en momentos económicos más boyantes, de lo que mi amigo Omar Valiño suele llamar “la industria de la mierdita” y que tan importante es como reproductora en la vida cotidiana de elementos simbólicos. Omar suele asociarla al espectáculo del beisbol, que en el nuevo contexto ha perdido su carácter masivo y recreativo para estudiantes y trabajadores, al realizarse la mayor parte de los juegos en horario laboral y no nocturno por razones de ahorro energético mientras en los mismos horarios la energía en forma de agua, electricidad y gas manufacturado se paga con tarifas domésticas subsidiadas por quienes practican actividades algo menos sanas y sustancialmente menos populares, por caras y exclusivistas, en los cada vez más numerosos bares privados de la capital. Es absurdo oponerse a los bares, incluyendo los privados, pero no es fácil comprender la lógica de restringir la energía de la recreación para muchos mientras la reciben subsidiada quienes lucran con ella en beneficio de unos pocos.
Teniendo el privilegio de una rica cultura e historia y una industria audiovisual que logró décadas atrás construir imágenes icónicas, incluyendo las dirigidas a la niñez, la presencia de nuestra identidad en la visualidad cotidiana es extremadamente pobre. Más cuando esta no se limita a los símbolos nacionales, y tiene que ver con la disponibilidad y asequibilidad de productos que en determinada época lograron proyectos como Telarte, poniendo en la calle elementos portadores de cubanía con elevado nivel estético. En ese sentido, la viabilidad económica de casos exitosos como el de las sombrillas ilustradas con obras del Museo Nacional de Belllas Artes, comercializadas por ArTex con un amplio diapasón estético, merece estudio; es el único producto industrial portador de cubanía que ha logrado ser hegemónico entre nosotros.
Creo que es en la memorable serie de Rudy Mora Doble juego donde hay un momento en el que la maestra invita a sus alumnos a ver el Ballet Nacional en el Gran Teatro de La Habana. Todos llegan con sus mejores galas, pues nunca han acudido a semejante lugar, y van reuniéndose en las afueras del coliseo, hasta que llega el último -un adolescente que suele tener un comportamiento muy negativo, abusador e insensible- y vemos cómo todos se miran entre el asombro y la burla hasta que la cámara nos muestra por qué: el recién llegado viste de pies a cabeza con la bandera estadounidense.
De entonces acá no he vuelto a ver en el audiovisual cubano un tratamiento semejante -por intencionado e inteligente- que sí ha sido más sistemático en asociar la guayabera -prenda nacional cubana- a la corrupción y el dogmatismo.
Sin embargo, el pasado Primero de Mayo, al conocer de la ejecución de una provocación política con la bandera norteamericana, previa al multitudinario desfile de los trabajadores, por un individuo que según el diario Granma “está desvinculado laboralmente, que en el año 2002 fue sancionado a cinco años de prisión por un delito de robo con fuerza, y en este momento se encuentra pendiente de juicio por un delito de receptación agravada” pensé en cómo la realidad, en hecho que recuerda cuando la congresista norteamericana Ileana Ros-Lehtinen envolvió al niño Elián González en la enseña de las barras y las estrellas, adelanta y supera a la ficción hasta colocar las cosas en su lugar.
Esta vez, el sistema de publicaciones financiado desde el exterior para promover el regreso de Cuba al capitalismo reaccionó de un modo que supera al de la congresista cubanoamericana: uniendo su voz a la “preocupación” expresada sobre el ex convicto por el State Department y lo más recalcitrante de la mediocracia miamense, convirtiendo en víctima heroica de la “guerra ideológica” del gobierno cubano al delincuente que en pueril y romántico alarde logró explicitar con su provocación la conexión entre delincuencia común, anexionismo y contrarrevolución.
Tal vez hubiera sido pertinente, al igual que sucedió con el brillante aporte de la congresista de ultraderecha que recientemente anunciara su retiro, llevar a un spot televisivo el performance del payaso de turno, o convertirlo en un personaje humorístico que encarne los valores que quiso representar.
Pero aun sin esas acciones es de agradecer la contribución del abanderado imperial si nos pone a pensar cómo, más allá de los actos políticos y las fechas históricas, el orgullo de ser cubanos se muestra en nuestras calles y plazas. Porque una vez más, lo decisivo no es lo que hagan nuestros adversarios sino lo que hagamos nosotros.

Iroel Sánchez

domingo, 21 de mayo de 2017

Dos ríos el enigma




Uno de los mejores documentales que abordan el tema de la muerte de José Martí, del realizador Roly Peña.

La Patria es… Santa Ifigenia




Este 19 de mayo la Mesa Redonda acude a Santa Ifigenia, el cementerio santiaguero; el lugar de reposo definitivo de Martí y Fidel, de Céspedes y Mariana, de Frank y los mártires del 26 de Julio. Con el concurso de investigadores y de la directora del camposanto, se recreará la historia y el simbolismo de este lugar.

sábado, 20 de mayo de 2017

56 años de la ANAP




El Presidente Nacional de la ANAP y otros dirigentes de la organización en diferentes niveles informan sobre el trabajo actual, los retos y perspectivas de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, en víspera del aniversario 56 de la organización campesina.

La retirada de Ileana: El fin de un ciclo

La congresista floridana, Ileana Ros-Lehtinen, anunció que no buscará su reelección en las próximas elecciones parciales de 2018. Su retiro vale por el fin de un ciclo, caracterizado por el acceso de la primera generación de inmigrantes cubanos a la vida política norteamericana.
Joven, mujer, cubana de ascendencia judía, maestra, contrarrevolucionaria de pura cepa, Ileana ofrecía una combinación simbólica perfecta para proyectar los intereses de un grupo político que ganaba influencia en las estructuras de poder de Estados Unidos, de la mano de los sectores más conservadores de ese país.
Emergió en la época en que los inmigrantes cubanos evolucionaban para convertirse en “norteamericanos de origen cubano”, dígase “cubanoamericanos”, y los republicanos los necesitaban para consolidar el poder de ese partido en el sur de la Florida y contribuir con las políticas más agresivas hacia Centroamérica y el Caribe.
Su padre, ducho en la política cubana, se ocupó de proyectar su imagen, y Jorge Más Canosa, el chairman de la entonces poderosa Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), la adoptó como padrino político.
En 1982 fue electa a la Cámara estadual de la Florida y, en 1989, ganó unas elecciones extraordinarias, para reemplazar al recién fallecido congresista demócrata Claude Pepper. La campaña la dirigió Jeb Bush, el cual iniciaba una carrera que lo llevó hasta la gobernación de la Florida. Incluso las autoridades demócratas del área apoyaron la candidatura de Ileana, que se convirtió en la primera hispana en ocupar un escaño en el Congreso de esa nación.
Se dice que cuida a sus electores, especialmente los de la tercera edad, los cuales “adoran a Ileanita”. A pesar de su firme alianza con los conservadores republicanos en otras áreas, se ha mostrado favorable al mantenimiento de los programas de asistencia social, en contra de las políticas abusivas contra los inmigrantes y por el respeto a los derechos de los homosexuales.
En política exterior es otra cosa. Ha votado a favor de todas las guerras emprendidas por Estados Unidos, apoyado golpes de Estado, como el caso de Honduras, y su gestión al frente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara se tradujo en un esfuerzo por integrar a la derecha latinoamericana en un frente común contra los gobiernos progresistas.
En Cuba la denominan “la loba feroz”, lo que ella considera más un elogio que un agravio, y efectivamente se ha distinguido por instigar y apoyar las políticas más agresivas, en varias ocasiones se declaró a favor del asesinato de Fidel Castro, y su respaldo a los terroristas de origen cubano ha sido público y notorio.
Ileana formó parte de una generación de personeros de la derecha cubanoamericana que entraban sin tocar en la Casa Blanca, amenazaban sin recato a sus contrincantes, por muy poderosos que fuesen, o volaban en pedazos el establecimiento de un comerciante que se negaba a cooperar con “la causa”. De esa estirpe solo queda Ileana.
Los políticos cubanoamericanos actuales se quieren parecer a Ileana, pero no es lo mismo, simplemente porque han cambiado las condiciones que la hicieron posible.
La mayoría ya no arrastra el legado de haber nacido en Cuba, ni participado en las actividades contrarrevolucionaria de los primeros años, ni haber trabajado para la CIA, al menos de la manera que lo hicieron sus antecesores, los cuales tenían vínculos orgánicos y relaciones personales con personas que llegaron a ser jefes de esa institución. Eran piezas activas en el tablero de la “Guerra fría”.
Por otro lado, ni siquiera Ileana Ros cuenta hoy con el respaldo monolítico de los electores cubanoamericanos ni puede ganar, a veces sin contrincante, las elecciones de su distrito.
Aparte de que la estructura demográfica del sur de la Florida ha cambiado como resultado del incremento de otros residentes latinos, se ha modificado la propia composición social y los intereses políticos del electorado cubanoamericano.
Los descendientes y los nuevos inmigrantes hoy día conforman la mayoría de los votantes cubanos y ellos no eligen igual que antes, en especial respecto al tema de Cuba. La extrema derecha cubanoamericana ha perdido esa guerra y ya no basta el cariño de abuelitos y abuelitas para ganar las elecciones. Ileana lo sabe y con seguridad ello ha influido en su decisión de retirarse.
Las elecciones de 2018 van a resultar muy importantes en Estados Unidos y de manera particular para la composición de los representantes cubanoamericanos en el Congreso.
Por lo pronto, el escaño de Ileana queda abierto a la competencia y resultará difícil que otro republicano vuelva a ganar en un distrito que acaba de votar de manera abrumadora a favor de Hillary Clinton. A ello se suma que difícilmente el senador Bob Menéndez, demócrata por New Jersey, el cual está sujeto a una investigación por cargos de fraude, pueda reelegirse. También congresistas como Mario Díaz Balart y Carlos Curbelo la tendrán mucho más difícil que hasta ahora.
En cualquier caso, la retirada de Ileana nos está anunciando el comienzo de nuevo ciclo en la política cubanoamericana y con seguridad emergerán candidatos diciendo cosas que hubiesen puesto en peligro sus vidas en 1980.

Jesús Arboleya
Progreso semanal

viernes, 19 de mayo de 2017

La historia cubana en la pantalla

El investigador José Bell Lara valora la representación de los temas históricos en la TV

“Los temas históricos cubanos han sido abordados en nuestros medios de un modo convencional. En mi opinión se sigue el patrón de las conmemoraciones, o sea, se realiza una campaña sobre determinada fecha o hecho y esto ha marcado una forma de hacer con respecto a las fechas históricas”, afirma José Bell Lara, profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
A juicio del también sociólogo e investigador, la etapa de Cuba más insuficientemente abordada ha sido la del protectorado y la República neocolonial:
“Prácticamente hay un salto de las luchas por la independencia a la lucha contra la dictadura de Batista. Sin embargo, en el intervalo histórico entre una y otra etapa se dieron acontecimientos y luchas importantes en nuestro país.
“Menciono al paso la Revolución del 30, que no se fue a bolina, hay episodios de ese proceso que dan para una epopeya; pienso en la resistencia del capitán del Pino, la actividad de los Grupos de Acción, diversas anécdotas de Pablo de la Torriente Brau, etcétera.
“También están las luchas estudiantiles, las luchas campesinas como la del Realengo 18 o la de Las Maboas, las luchas de los trabajadores azucareros, en fin, como se dice, hay tela por donde cortar. Estos procesos pueden ser abordados en la TV desde la ficción y la realidad histórica”.
Para el entrevistado existe un universo de personajes cubanos que pudieran nutrir muchas series de aventuras, como Manuel García, el rey de los campos de Cuba, quien inspiró en la década del 30 del pasado siglo una importante película cubana.
Esta y otras figuras históricas forman parte del capital simbólico y cultural de los cubanos, que tienen el derecho y el deber de conocerlo y preservarlo.
“Puedo mencionar algunas figuras que vale la pena recuperar, como Juan Gualberto Gómez, Antonio Guiteras, Eduardo Chibás, por solo citar tres. La vida de Guiteras por ejemplo, da para una serie de aventuras. Hasta ahora solo conozco sobre él un documental de hace muchos años: Muerte y vida en el Morrillo.
“Nuestra historia es rica y no la sabemos aprovechar y, sobre todo, no la sabemos transmitir a las nuevas generaciones utilizando el lenguaje actual de los medios, sin la papilla ideológica que no forma conciencia, sino todo lo contrario.
“Se puede utilizar la ficción para recrear figuras y hechos históricos de forma tal que contribuyan a la formación de la conciencia y el orgullo nacional. En esta cuerda se encuentran personajes de ficción, como Juan Quin Quin, del que pueden hacerse nuevas aventuras para no quedarnos solo con Elpidio Valdés”, señaló Bell Lara.
Entre los espacios que el entrevistado citó como buenos ejemplos en el tratamiento del tema se encuentran: la serie Duaba, la odisea del honor, que combina ficción e historia con un alto nivel de calidad, los documentales de Milton Díaz Canter sobre Angola y la telenovela Al compás del son, la cual marcó un hito en el abordaje de la historia de este género musical.
“En mis investigaciones sobre la lucha insurreccional me asombro de lo mucho que se desconoce sobre el heroísmo presente en ella. Este es un filón que no se aprovecha.
“Otra etapa que tiene mucho que aportar es la lucha contra el espionaje y la labor subversiva del imperialismo, en ella hay todavía muchos héroes anónimos”, acotó el especialista.
Para el también autor de múltiples libros, la recreación de la historia demanda cuantiosos recursos. Por ello lo primero es valorar si la inversión en este tipo de producto televisivo vale la pena en función de objetivos ideológicos.
En su opinión sería muy útil, además, crear en nuestra pantalla espacios que permitan el análisis y el desmontaje de algunas series históricas extranjeras, de gran aceptación en el público cubano, y en las cuales existen elementos técnicos y artísticos que se pueden aprender o transformar.

Anette Jiménez Marata
TV cubana