miércoles, 22 de marzo de 2017

Periodismo y blogosfera en Cuba

Renovando los espacios de participación, aceptación y responsabilidad ciudadana

La gradual inserción de Cuba en un nuevo marco de relaciones económicas ha dado pie a la emergencia, en todas las zonas del espectro social, de sujetos cada vez con mayor capacidad de autogestión, con todos los riesgos y complejidades que esto trae aparejado. Parte de los retos que acompañan a estas nuevas subjetividades, es la posibilidad de expandir y repensar sus competencias discursivo-informativas dentro de horizontes comunicacionales asociados a una visión menos centralizada de la información.
Se trata, en realidad, de un fenómeno que rebasa el espectro de “lo cubano”: hablamos de la irrupción, a gran escala, de nuevos agentes de la información, quienes circunvalan las limitaciones de un periodismo secuestrado por agendas de variada índole. Gracias a los discursos digitales que ensayan, el mensaje es menos unívoco. En su función de explorar otros enfoques y de develar contenidos obviados, deliberadamente o no, por los medios conectados al mainstream, blogueros y comunicadores digitales negocian espacios para que esto ocurra. Y aunque la capacidad, seriedad y profesionalismo con que comunican puede, en efecto, ser variable, no significa que por ello su función sea menos legítima.
Cuba no está exenta de estas dinámicas. Con similares objetivos, emergen hoy en la Isla, ocupando lugares de enunciación estatales y no estatales, sujetos que se sienten con derecho y capacidad de ser parte del nuevo hacer informacional.
Se trata de un movimiento que no solo implica a los llamados actores “alternativos”. Parte de esto es lo que viene ocurriendo con la prensa en las provincias, que ha estado promoviendo, ya sea en espacios digitales o impresos, un periodismo no tan enfocado en la promoción de agendas, sino volcado en sus funciones informativas, investigativas y críticas. Reportajes sobre temas acuciantes de la realidad nacional, como el recientemente publicado por el periódico villaclareño Vanguardia sobre los derechos laborales en el contexto del cuentapropismo, o por Escambray, sobre temas incómodos como el de los balseros, dan muestra de ello. Igualmente, debe reconocerse el esfuerzo de zonas de la prensa nacional por abarcar, con similar amplitud, temas que antes eran de interés menor.
La institución del periodismo no está ajena a la necesidad de una revitalización. Voces receptivas y sensibles, desde la institucionalidad, claman por ello. Cada vez con más diligencia y lucidez, abogan por la adopción de nuevos tonos, de mayor acceso a las fuentes e incluso, por una Ley de Prensa. Fue en este tenor que se concibieron las Propuestas del II Encuentro de Jóvenes Periodistas celebrado a principios de febrero del presente año en la capital.
Contenidos de similar complejidad y alcance fueron abordados en el encuentro “Hacia una Ley de Comunicación en Cuba”, convocado por el Foro de Estudios Críticos y la revista La letra corta, realizado en la Universidad de La Habana el pasado 14 de marzo.
Las propuestas sintetizadas a raíz de la discusión incluyen: “la institución de mecanismos que potencien y garanticen la protección de todos los sujetos, tanto emisores como receptores públicos y privados”, y de otros que aseguren “la pluralidad y la diversidad, los cuales puedan ser accionados por el Estado y la población alternativamente, evitando ante todo la concentración y monopolización de los medios de comunicación.” Abogan también las propuestas por “crear una instancia administrativa descentralizada, en la gestión del servicio público de difusión y comunicación.” Al respecto, una estudiante de periodismo comentó: “¿Por qué no pueden existir medios que no tengan que subordinarse al Partido? Si la prensa es el cuarto poder, ¿cuál es el poder real que tiene? Espero que si un día se aprueba la Ley de Prensa, los medios tengan realmente el poder que deberían.”
La necesidad de repensar los conceptos de lo estatal, lo no estatal, y lo público en el contexto de los nuevos medios digitales cubanos y de un posible marco de legalidad, otro de los temas abordados en el Foro, ha sido centro de interés recurrente, sobre todo en el marco de las celebraciones del Día de la Prensa en Cuba. Comenta al respecto Raúl Garcés, Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana:
“El periodismo está en una encrucijada, la de ganar credibilidad entre sus públicos, la de hacer un periodismo que se parezca a la gente, y que los medios de comunicación tradicionales tengan un papel complementario a los medios sociales, los blogs, los ciudadanos. Si no entendemos que hay un desplazamiento de ese modelo mediocéntrico de los años 80, donde todo dependía del noticiero de televisión, o de un periódico, o de una radio, una prensa estatal, —lo que no quiere decir que renunciemos al concepto de prensa estatal y pública que forma parte del diseño de nuestra sociedad—; lo que quiero decir es que hay que incorporar a nuevos actores en el ejercicio de la comunicación.”
Concuerda con esta perspectiva Francisco Rodríguez Cruz, del periódico Trabajadores, quien incluye la siguiente reflexión en su blog personal:
“El escenario para el desarrollo de la prensa cubana en los próximos años implica que tendremos que aprender a lidiar en el ámbito de la comunicación pública con nuevos actores, mejores o no tan buenos en sus estándares profesionales y éticos, con intenciones más o menos concordantes con los valores socialistas que queremos hacer predominar, y debemos hacerlo a partir de la calidad, oportunidad y diversidad de nuestras propuestas.”
Este dossier, en seguimiento a otro publicado por Cuba Posible en noviembre de 2016 (Para un debate sobre la prensa en Cuba: “La esencia de la prensa libre es la esencia de la libertad, firme de carácter, racional y moral”), continúa explorando estos temas en resonancia con todas las voces que hoy buscan aportar constructivamente al debate sobre un mejor periodismo y, en general, mejores dinámicas informacionales en la Isla.
Los textos que irán apareciendo consecutivamente –una encuesta en la que participan el reconocido periodista Joaquín Borges-Triana, recientemente galardonado con el premio de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro, así como Amílcar Pérez Riverol y Enzo Basile, ambos colaboradores de espacios digitales, más una entrevista al periodista uruguayo radicado en Cuba, Fernando Ravsberg- pretenden abordar estos temas con la visión integradora que los mismos ameritan. El presente dossier tendrá continuidad en el futuro.
En el contexto de las recientes celebraciones del día la Prensa en Cuba, Antonio Moltó Martorell, Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) expresó: “Tenemos por delante la urgente tarea de cambiar el modelo de prensa para responder a reclamos históricos de los profesionales y de la sociedad y, a la vez, dar respuesta a los profundos cambios culturales y tecnológicos que vive hoy la comunicación en la era de Internet y las plataformas sociales”.
Considérense pues, las reflexiones que siguen, como nuestro pequeño aporte a tan loable proyecto.

María Isabel Alfonso
Cuba Posible

lunes, 20 de marzo de 2017

El percutor de una época: Pensamiento Crítico




Ponencia presentada en el Coloquio a propósito de los cincuenta años de la revista Pensamiento Crítico.

Era febrero de 1963 y quedaba constituido el Departamento Central de Filosofía de la Universidad de La Habana. La fosilizada Cátedra de antes de 1959, de tan vetusta disciplina de la academia, no volvió más. El grupo de muchachos jóvenes que enseñaría filosofía marxista a las diferentes carreras universitarias iría no solo a un nuevo espacio en la calle K, sino constituiría un nuevo modo de investigar, leer y enseñar. Con ellos llegaba el color del uniforme vede olivo, el olor de la cuartilla alfabetizadora y de la carabina de la Sierra, de Girón, de los milicianos que desde el compromiso práctico pretendían llegar a la teoría y poner otros sentidos a los libros y a los modos de educar. El manual se hizo indócil, el dogma impugnado y se comenzó a abogar por modos in-disciplinados (diríamos hoy) de filosofar. La revolución con sus cuatro años de vida ya había conocido en su interior embestidas sectarias.
Se imprimieron textos urgentes para las clases. Llegaron ideas de otras latitudes amparadas por actos revolucionarios en África y en el continente americano. Los talleres de la antigua rotativa Omega, donde se imprimían las revistas norteamericanas Selecciones y Life en español, vieron salir con el sello “Ediciones Venceremos”, El Capital de Karl Marx (en tres tomos), los primeros textos de Althusser que se dieron a conocer en Cuba, Los condenados de la Tierra de Frantz Fanon, entre muchos otros títulos. En la decisión de estos nuevos planes editoriales participaban, entre otros, Fidel, Raúl, el Che, Osvaldo Dorticós, Blas Roca y Emilio Aragonés [1].
Fidel comenzó a visitar a los jóvenes profesores de filosofía, retándoles –y tal vez buscando en el pensamiento disruptor–, otros modos de avalar las ideas de una revolución más alta que las palmas. Las disconformidades surgidas con la URSS desde la Crisis de Octubre, sostenidas en estos años con la regeneración de la tendencia sectarita en el partido con la micro fracción, liderada por Aníbal Escalante, la creación del Comité Central de Partido Comunista de Cuba, fueron entre muchas otras razones, estímulo para pensar y volverse a otros referentes de la teoría. Era “la hora de los hornos”, como citara el Che a Martí y no debía verse “más que la luz”. El 7 de diciembre de 1965 se creó Ediciones Revolucionarias y en 1966 el Instituto Cubano del Libro. En 1966, a partir de los profesores de filosofía nació también El Caimán Barbudo y en 1967 salió de imprenta el primer número de la revista cuyos 50 años conmemoramos hoy.
Como dijera José Martí, si “de pensamiento es la guerra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”; y a ello venían los jóvenes creadores del nuevo proyecto editorial de constituir una revista bajo un rótulo tan sugestivo en aquel entonces, como gastado hoy. No era solo carencia de textos en la universidad y Fidel Castro lo sabía. El pensamiento vivo que se correspondiera con nuestro estar-siendo, el texto fustigante, que como escalpelo segaba las verdades instaladas como evangelio eran auxilio y urgencia premonitoria. La descolonización africana, el así denominado Tercer Mundo, la Revolución con mayúscula, el antimperialismo, la lucha armada, la guerra de guerrillas, el anti-occidentalismo partícipe, la desmentida del racismo, el nuevo lugar de Cuba para todo el Sur, hacían notar que el sujeto del cambio ya no estaba en el Norte, como reconociera Jean Paul Sartre en 1961 en el prefacio a Los condenados de la tierra de Frantz Fanon.
Por aquellos años se desarrolló en La Habana la Primera Reunión Tricontinental de Solidaridad Revolucionaria, entre el 3 y el 15 de enero de 1966. Se escucharon voces diversas y, entre ellas, las de Salvador Allende de Chile, Amílcar Cabral de Cabo Verde, Luis Augusto Turcios Lima de Guatemala, de Rodney Arismendi de Uruguay. El encuentro dejaba claro que “el principal reducto de la opresión colonial y de la reacción internacional es el imperialismo yanqui, enemigo implacable de los pueblos del mundo” y por tanto, enfrentaba críticamente “todas las formas de dominación imperialista, colonial y neocolonial, acaudilladas por el imperialismo yanqui”. Entre sus reclamos se afirmaba la necesidad de expulsar de la vida cultural de sus países las manifestaciones del espíritu imperialista, se reclamaba solidaridad y radicalidad en la lucha de amancipación del Sur. Un año después, en agosto de 1967, se realizó el encuentro de la Asociación Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que colocaba el debate en la lucha armada y la guerra de guerrillas, sobre todo.
En estos dos encuentros los jóvenes profesores de filosofía, redactores de la revista creada, ocuparon un espacio participativo. Con ellos, la atención se ponía en la riqueza teórica de las nuevas prácticas. Las coordenadas quedaban en Cuba y en el Tercer Mundo. Esta fue coyuntura favorable para compartir y discutir con representantes de los movimientos revolucionarios y reconocer la necesidad de aprehender teóricamente una praxis revolucionaria.
Mientras ello sucedía, la batalla de pensamiento se apresuraba a desplegarse contra el auge rebelde en Nuestra América y también frente al boom en la literatura. Para la CIA y Occidente, con los EUA por medio, la guerra cultural estaba clara. El ya gastado proyecto de la revista Cuadernos, del Congreso por la Libertad de la Cultura creado en 1950, abría una nueva empresa: la revista Mundo Nuevo con la participación de escritores y poetas latinoamericanos. Este, en apariencias un noble propósito contaba detrás con fondos de Langley, manejados por la Fundación Ford, dato revelado por el New York Times en su tiempo. El nuevo proyecto se hacía antagonista de otra revista que ganaba prestigio en cada salida: Casa de las Américas. (La revista Mundo Nuevo de Emir Rodríguez Monegal, por curiosa e inconexa coincidencia vivió los mismos tiempos que la revista habanera Pensamiento Crítico).
1968 fue un año sobrecargado, para el mundo y para Pensamiento Crítico. Si el tiempo no lo contáramos por meses y días, se nos antojaría empezar el nuevo lapso con la muerte del Che en Bolivia en octubre de 1967; más que una fecha fue un suceso que marcó un tiempo. Los primeros días de enero vieron reunirse el Congreso Cultural de La Habana y una vez más se debatió sobre el papel del intelectual revolucionario y el lugar de la cultura en los procesos revolucionarios y de liberación nacional. Aquí se reivindicó la lucha armada, la defensa de Cuba, de Vietnam y se aclamó la figura y el ejemplo del Che Guevara, asesinado en las selvas de Ñancahuazú.
En el número del 12 de Pensamiento Crítico de enero de 1968 en sus primeras páginas sus redactores advertían del peligro del imperialismo norteamericano en la guerra de recolonización cultural y decían “llamamos a los escritores y hombres de ciencia, a los artistas, a los profesionales de la enseñanza, y a los estudiantes, a emprender y a intensificar la lucha contra el imperialismo, a tomar la parte que les corresponde en el combate por la liberación de los pueblos.” A continuación se reproducía el discurso de Fidel en la clausura del Congreso el 2 de enero, donde refirió la trascendencia del encuentro, habló de Viet Nam, de Regis Debray, del Che Guevara y de la muerte del sacerdote guerrillero Camilo Torres Restrepo. Allí Fidel afirmaba: “…No puede haber nada más antimarxista que el dogma, no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas que incluso se esgrimen en nombre del marxismo que parecen verdaderos fósiles”. Y con seguridad reconocía que el marxismo “necesita desarrollarse, salir de cierto anquilosamiento, interpretar con sentido objetivo y científico las realidades de hoy, comportarse como una fuerza revolucionaria y no como una iglesia seudorrevolucionaria.” Fidel se preguntaba por las paradojas de la historia. Si con Camilo Torres veíamos a sectores del clero devenir en fuerzas revolucionarias “¿vamos a resignarnos a ver sectores del marxismo deviniendo en fuerzas eclesiásticas?” Y al mismo tiempo admitía “Esperamos, desde luego, que por afirmar estas cosas no se nos aplique el procedimiento de la “Excomunión” (RISAS) y, desde luego, tampoco el de la “Santa Inquisición”; pero ciertamente debemos meditar, debemos actuar con un sentido más dialéctico, es decir, con un sentido más revolucionario”.
Pero 1968 fue también el año de publicación de El hombre unidimensional, Eros y civilización, de Herbert Marcuse, de Piel negra, máscaras blancas, el primer libro de Fanon, escrito en 1952; el diario del Che, entre tanta otra novedad de importancia filosófica. Fue el año del Mayo francés y del asesinato de los jóvenes en la plaza de Tlatelolco en México, de conmociones que llegaron hasta la pequeña isla caribeña de Guadalupe, y la entrada para siempre en la iconografía revolucionaria de la foto del Che (de Korda) presidiendo las manifestaciones populares. Fue tiempo de auge en el movimiento feminista, de luchas por los derechos civiles en los Estados Unidos; y se cerraría el año con la entrada –en la noche del 20 al 21 de agosto de 1968– de las tropas del Pacto de Varsovia, con la URSS al frente, en toda Checoslovaquia.
1969 fue año de esfuerzos decisivos, de crisis económica, de preparación de una gran contienda: la zafra del setenta. También de esperanzas electorales en Chile con el gobierno de la Unidad Popular que se eclipsara con el golpe de Pinochet y la puesta en marcha del Plan Cóndor. El comunismo y la influencia de Cuba debían quedar extirpados del hemisferio. Tanto Duvalier en Haití como Pinochet en Chile culpaban al marxismo por la represión que llamaban “necesaria”.
1970 se hace arduo. Se avecina un giro. Una nueva década. Razones de estado, realidad económica, guerra fría, coexistencia pacífica por medio, y la mano de la Unión Soviética como garantía de supervivencia para la joven Revolución.
Contradictorio se hizo nuestro acontecer y por ello la actual necesidad de volver al legado, desde la capacidad de hacer vivir esa memoria que nos conforma y que nos conmina a buscar nuestras propias maneras de entendernos y decirnos, pero con la urgencia de desalambrar el pensamiento de dogmas y absolutos.
Nuevamente las circunstancias volvieron a cercar los propósitos y lo consagrado se desvaneció. Cuando en los finales de los 80 volvíamos a preguntarnos por la necesidad de un pensamiento propio que acompañara nuestras maneras de buscar la solución a nuestras contradicciones, el socialismo este-europeo se defenestraba y nosotros nos agarrábamos al marco de la ventana para no ceder al abismo desde donde, por supuesto, siempre asechaban los enemigos invariables de la Revolución invicta del 59. Volvían a aparecer publicaciones que de alguna manera retomaron lo hecho, no para imitar, pero si la inconfesa necesidad de dar continuidad a un acumulado cultural de ejercicio intelectual, no baldío, infértil y vanidoso, sino guerrillero, herético e insomne.
Y en estas andamos. Por eso ellos y ellas que de una manera u otra formaron parte de un elenco virtuoso de la contienda por un pensar cubano, crítico, revolucionario siguen inspirando, aun cuando ellos y ellas todos y todas altercaron, pero lo hicieron por el significado dado al oficio de pensar.
Si ponemos en coordenadas todos esos acontecimientos en la línea del tiempo se revelan muchas circunstancias. Si tomamos este concepto en el más estricto sentido orteguiano: el hombre es él y su circunstancia, la revista fue ella y sus circunstancias.
Reescribiendo a Virgilio Piñera no es el agua por todas partes, sino la maldita circunstancia de la ortodoxia dogmática y vulgar del marxismo por todas partes, en el sentido que se unen la virtud y el vicio, es decir las realidades por las que pasaba la joven revolución, la sociedad cubana en un proyecto que trataba de saltar las barreras de una lógica cultural, de un modo de ser sociedad, seres humanos, comunidad humana, una forma de encontrarse en su identidad.
Es esa fuerza del principio de realidad ¿cómo íbamos a seguir haciendo viable, factible, posible la felicidad soñada y de alguna manera ya comenzada a vivir por los cubanos y las cubanas si se habían agotado todos los recursos, éramos plaza sitiada condenada a la hambruna, la escasez, la violencia y el odio del enemigo más feroz el imperialismo norteamericano?. Solo una alianza posible podía ayudarnos a seguir manteniendo la dignidad sin un costo mayor que el de recortar la autonomía de un ejercicio teórico de pensamiento a un dogma, marcado y pautado por una geopolítica, interna y externa, del socialismo realmente existente en la década del 60 del siglo pasado.
Como diría alguna vez Aurelio Alonso, el compromiso intelectual es precisamente mantener su compromiso cuando siente que este es rechazado. Por eso para él su generación es de la lealtad y de esos jóvenes con su entusiasmo en la época que les correspondió vivirlo, hoy siguen teniéndolo. Hace unos días Fernando le hablaba a los y las participantes del 12 taller internacional sobre paradigmas emancipatorios; Aurelio presentaba libros y revistas con esa gracia y sabiduría que lo caracteriza, Bell Lara empuja un proyecto de publicación de textos y documentos del proceso revolucionario para que quede en la memoria recopilado, ubicado y salvado todo lo dicho por ellos.
El acontecer de todo ese proceso de la revista Pensamiento Crítico y el Departamento de Filosofía tiene que ver en alguna manera con la conformación de un régimen de verdad, y la disputa por él. Un régimen de verdad es lo que clasifica, decide lo que debe ser o no el campo de una disciplina, dentro de una ciencia, sus postulados, es un proceso de construcción de poder desde el saber. Hoy todas esas clasificaciones de antimarxista, anti leninista y antisoviético no serían acusaciones dirigidas a demarcar una violación de límites inadmisibles, sino solo pasarían al debate histórico social del devenir del pensamiento marxista, hoy no causan nada más que curiosidad intelectual e histórica porque el mundo soviético desapareció en un desmerengazo. Pero en aquella época si era de hecho una acusación política con fuertes implicaciones, y acarreaba por ello sanciones, es decir marcaba los límites posibles a esas discrepancias, y así fue. Por tanto algunas verdades perdieron su historicidad y se volvieron absolutas: el marxismo es uno solo, hay una unicidad lineal entre los clásicos, no es posible separar a Lenin del resto, la dialéctica es el método único de la ciencia, el marxismo es determinismo materialista, la conciencia es reflejo de la realidad, existen leyes objetivas inviolables, el marxismo es una ciencia irrebatible como tal.
En realidad se enfrentaron dos maneras de vivir y entender el fenómeno de la ideología en un proceso revolucionario, de la función ideológica que tiene el conocimiento social, la función eminentemente ideológica que tiene la filosofía, el sentido ideológico y el énfasis puesto en la cientificidad de determinados contenidos teóricos. La lógica en la discusión se estableció entre una manera de ubicar esa función en su historicidad concreta, clasista y otra en la historicidad abstracta a posteriori del propio acontecer histórico del pensamiento, entre una búsqueda analítica para pensar el presente y el futuro, y una manera de santificar un pasado para encerrar un presente o justificar solo un presente inamovible y automático, no dañable. El marxismo se sellaba en esta contienda con la función de demostrar su verdad a posteriori con respecto al pasado, con las implicaciones ya conocidas de esta consideración en el mundo soviético. El marxismo era entonces un conjunto de tesis que se consideraban como una verdad objetiva independientemente a la misma práctica y de esa forma se estableció como régimen de verdad en manos de quienes la esgrimieron. Esto terminaba con la necesidad de diálogo y debate en torno a los sentidos históricos dados al marxismo y sus consecuencias ideológicas, hasta desde la misma experiencia de la revolución cubana en curso.
Se enfrentaron dos maneras de asumir el debate: una por la crítica argumentativa, explicativa y reflexiva de los contenidos y otra por la forma reiterativa y tendenciosa de selección de citas.
Los debates antes de la decisión de cerrar la publicación (no por voluntad de sus creadores) fueron largos, extensos en argumentos, horas y angustia para los involucrados, no llegando siempre a decisiones finales. Estos pudieron posiblemente haber pasado a la historia no por severos cierres de puertas a la diversidad de pensamiento creativo marxista cubano, sino por acopios colectores de esa diversidad; pero los tiempos, las circunstancias todas, malditas o no, apremiaban y cercaban el sueño dignificante de miles de cubanos y cubanas. La Revolución cubana de 1959, esa que nos devolvía la virtud y la patria, era más que un proyecto inscrito en un manual de economía política.
Somos deudores de esos tiempos como de otros, y los artículos de Pensamiento crítico son patrimonio intelectual. Se hace necesario indagar no solo las intríngulis de una pesquisa de crónica social de acontecimientos, sino estudiar las obras que se escribieron por aquellos, leer y estudiar los contenidos de los números de la revista, sus paralelos con lo que acontecía en el ámbito nacional e internacional, ver y señalar sus límites, porque ahí es donde está la genialidad de una obra, ya sea personal o colectiva.
Es entonces necesario reconocer esos límites que los propios actores de la contienda tenían, más allá de lo que estos pudieran desear hacer en términos de actores políticos. Lo que se ha llamado herejía del pensamiento marxista cubano siguió presente de alguna manera, porque seguimos ejerciendo un pensamiento revolucionario solidario y cómplice con los procesos revolucionarios en la región y para todo el movimiento anticolonialista y anticapitalista. Seguimos formando a muchos actores y líderes de los procesos insurgentes, de los partidos comunistas y de los movimientos revolucionarios y de liberación principalmente de América Latina, en las escuelas políticas, cursos y asesorías.
Aun así, sin dudas significó una mutilación a florestas comenzadas a surgir y formarse de un marxismo con letra y vida propia. Este enfrentó sus propias encrucijadas y contradicciones, y se leyó en servicio a una práctica revolucionaria desafiante en lo interno y lo externo, llevada a cabo en la cotidianidad por masas populares cada vez más dispuestas a arrebatar el hegemonismo cultural de un sistema voraz de la espiritualidad y la cultura; el capitalismo circundante a la isla de Cuba por todas partes.
La gestión de PC fue una manera de continuar la revolución pero desde un desafío epistémico, como un proceso cultural, acumulativo y necesario. Reinvertir los cánones en los que se pensaba, y desarrollaba el marxismo en esos años era una revolución en la episteme del pensamiento revolucionario, para hacer valer el instrumento crítico de la teoría revolucionaria en el contexto cubano. No se buscaba construir un particular marxismo cubano, sino hacer percutir una vocación participativa en el campo popular donde los cambios se gestaban diariamente en la vida de los cubanos y las cubanas.
Pensamiento crítico tuvo entre sus muchos contextos el propio campo del saber sociopolítico y cultural al que se enfrentaba para ofrecer alternativas y significados específicos emergentes de las luchas, rebeliones del campo popular, insurgente, de la región latinoamericana y caribeña. Ahí están las luchas revolucionarias de América Latina, África, Asia, el Caribe esencialmente. La revista en su hacer no recurrió al contexto para justificarse como publicación sino se contextualizó para brindar los instrumentos analíticos, la rebelión epistémica ya produciéndose en la región.
En América Latina y el Caribe hoy se va tejiendo una plataforma y sentido compartido sobre desafíos y puntos de partida necesarios al movimiento social popular y a sus objetivos del cambio revolucionario emancipatorio. Muchos esfuerzos diversos con alto costo de organización, resistencias a la criminalización de la lucha popular y urgencias en las correlaciones de fuerzas se realizan para poder crear desde diversas propuestas una formación política capaz de impulsar el percutor de los cambios deseados y de las revoluciones.

Epílogo

Fernando en el recién 12 taller de Paradigmas emancipatorios refiriéndose al legado de Fidel, entre otras enseñanzas de la vida del líder cubano señalaba el no aceptar jamás la derrota y pelear sin cesar contra ella. Fernando indica como uno de los momentos de derrota el año 1970 y dice que fue donde Fidel “comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”.” Hacer la revista era hacer la revolución en ese frente cultural y fue un proceso feliz pero como Fernando advierte en esta misma presentación en enero de 2017 “Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolución, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Cuando puedan parecernos fáciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades”.
Desde esa visión de mirar en dónde estamos y en qué relación con los procesos, contextos y circunstancias nos encontramos y cuánto es posible mover los límites; se gestó, desplegó y permanece Pensamiento crítico.
El primer número de PC en la gráfica de su portada, expone las partes de un arma, y señala el percutor. Dentro de la revista explica en imágenes cómo hacer un coctel molotov, algo que ya había hecho antes la Tricontinental. Este era un número sobre la lucha armada, desde una concepción teórica, defendiendo las posiciones de los revolucionarios que se levantaban en armas en América Latina y marcando la postura marxista de la Revolución cubana lograda por una lucha armada, movilizada en un pueblo armado, en resistencia permanente ante la agresión del imperio norteamericano. Con esto se expresaban en la revista la posición de la revolución en contraposición a la política soviética.
Sin embargo al cierre de la revista, con 53 números en su haber, lo antecedió una polémica sobre cuán materialista científico era el marxismo que se defendía. Es curioso, porque no hay nada más materialista que un percutor de un arma, donde se prepara el disparo, violento sí, que reclame la vida que no permite espera.
Las circunstancias del 71 hicieron cerrar la revista y el Departamento, pero no la capacidad inveterada de pensar en función de la emancipación humana, de la ruptura de cadenas de opresión. En esos mismos días, de sobresaltos, de escaso sueño y sostén, de “noches febriles”, nacía otro texto en un amanecer habanero. Tan crítico como conceptual, Roberto Fernández Retamar ponía punto final a su ensayo Caliban publicado justamente en septiembre para reinterpretar “nuestro mundo”, a la luz exigente de la revolución y Cintio Vitier urdía su ensayo poético-histórico Ese sol del mundo moral. Sea ello una muestra de la inflexible capacidad crítica cubana.

Yohanka León y Félix Valdés
La Tiza

Nota:

[1] Ver R. López del Amo: “El libro cubano en la etapa revolucionaria”, Cubarte, 20 de noviembre de 2012.

domingo, 19 de marzo de 2017

¡Ahora sí somos un ejército, hemos triunfado!




Frank País, Faustino Pérez, Raúl Castro, FIdel Castro y Armando Hart. Reunión del Movimiento 26 de julio en la Sierra Maestra.

Tras el primer encuentro de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio en la Sierra Maestra —los días 16 y 17 de febrero de 1957—, Frank País García regresó a Santiago de Cuba y Celia Sánchez Manduley ocupó su puesto de avanzada en Manzanillo. Ambos, tenían el compromiso de hacer llegar a la Sierra Maestra el refuerzo solicitado por el Comandante en Jefe.

CELIA OPTÓ POR UN MARABUZAL

Frank desplegó un intenso trabajo en la selección de los mejores combatientes y, aunque contaba con un buen número de hombres que habían tenido su bautismo de fuego en el levantamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba, se dirigió a todos los municipios de la provincia oriental para escoger los mejores hombres que se incorporarían al Ejército Rebelde.
Mientras tanto, Celia creaba todas las condiciones para recibir, hospedar y trasladar al refuerzo que pronto subiría para la Sierra Maestra. Para ello contaba con un grupo importante de colaboradores entre los que se destacaba Felipe Guerra Matos, Guerrita, quien en un testimonio relató:
«Frank nos orientó que cuando los compañeros llegaran a Manzanillo los concentráramos en la arrocera del señor Huber Matos y de allí los ingresaríamos paulatinamente a la Sierra. Pero dos o tres días antes de que comenzaran a llegar los compañeros, Huber Matos fue a verme y me planteó la imposibilidad de recibir a los hombres que venían de Santiago enviados por Frank País, toda vez que se le había enfermado su hijo y tenía que salir inmediatamente para La Habana.
«Explícaselo a Celia, pues no tengo tiempo ni para hablar con ella, me dijo con la mayor naturalidad del mundo».1
Es así como, a última hora, hubo que buscar nuevas variantes para albergar a los compañeros que integrarían el refuerzo.
Aunque desde el principio se había pensado en seleccionar casas y distribuir a los combatientes, la idea se desechó porque no eran suficientes las viviendas favorables para ello.
En tales circunstancias, Celia decidió optar por un marabuzal situado en la finca La Rosalía, administrada por René Llópiz, hombre de toda su confianza, cuya ayuda fue determinante en el éxito de la acción.
Ese marabuzal, a pesar de estar ubicado a diez kilómetros de Manzanillo y a menos de 500 metros de la cárcel de esa ciudad, ofrecía bastante seguridad. Allí, las plantas de marabú tenían más de tres metros de altura y bajo su follaje, existían condiciones para atender a los futuros guerrilleros. Precisamente, en ese marabuzal estuvieron escondidos tres expedicionarios del Granma, luego de la dispersión de Alegría de Pío, el 5 de diciembre de 1956.

LOS HOMBRES DEL MARABUZAL

El 26 de febrero, Jorge Sotús —designado por Frank como jefe del grupo del refuerzo—, y Alberto Vázquez García, Vazquecito, fueron los primeros combatientes en llegar a Manzanillo, para contribuir en la organización y en el recibimiento del resto de sus compañeros.
Poco a poco, en pequeños grupos de dos o tres combatientes, fueron arribando más compañeros y concentrándose en el marabuzal, hasta alcanzar la cifra de 52. Vilma Espín, Haydée Santamaría, Asela de los Santos, Marta Correa y otras compañeras miembros del Movimiento 26 de Julio, les acompañaban en autos para despistar al enemigo.
El grupo de refuerzo estaba dividido en cinco escuadras de diez hombres. Esas escuadras eran dirigidas por: Guillermo Domínguez López, muerto en el combate de Pino del Agua ocurrido en mayo del 1957; René Ramos Latour, el inolvidable Comandante Daniel, caído heroicamente en combate en julio de 1958; Pedro Soto Alba, expedicionario del Granma, muerto en el combate de Moa en junio de 1958 y ascendido póstumamente a Comandante; Enrique Ermus González y Félix Pena Díaz, un dirigente estudiantil que también alcanzó los grados de Comandante en la Sierra.
Entre los «marabuceros» —nombre que identifica a los integrantes de este refuerzo—, estaban combatientes fogueados de la talla de Taras Domitro, Raúl Castro Mercader, Eloy Rodríguez Téllez, Emiliano Díaz Fontaine, Luis Alfonso Zayas, Orlando Pupo Peña, Abelardo Colomé Ibarra, Reynerio Jiménez Lage, Raúl Perozo Fuentes, José Lupiañez Reinlen, Miguel Ángel Manals y otros más. Asimismo, se incorporaron al destacamento tres jóvenes norteamericanos —Víctor Buehlman, Michael Garvey y Charles Ryan—, quienes habían estado en contacto con la dirección del Movimiento 26 de Julio. Los dos primeros regresaron a su país en mayo con el periodista Bob Taber, quien en esa ocasión entrevistó a Fidel. Charles Ryan participó en el combate del Uvero el 28 de mayo y posteriormente regresó a Estados Unidos.
La atención de Celia, Guerra Matos y de la familia Llópiz fue extraordinaria. Además de la alimentación y de entregarles ropas, botas y armamento, Celia, personalmente, vacunó a cada uno de los combatientes, para inmunizarlos contra el tétanos y el tifus.
Luis Argelio González Pantoja, al dar testimonio sobre sus vivencias en el marabuzal, expresó: «Recuerdo a Celia preparando los botiquines, preocupándose por la distribución de los alimentos, en el reparto de los uniformes. Era una especie de hada madrina que estaba atenta a todos los detalles […] Sin la presencia de Celia Sánchez y de Guerra Matos hubiera sido bastante difícil que un grupo tan heterogéneo de obreros, campesinos y estudiantes, llegara íntegramente como lo hizo a la Sierra Maestra».2
El día 9 de marzo, Frank, que preparaba otro refuerzo de hombres y armas, fue detenido en Santiago de Cuba, por lo que el compañero Taras Domitro, tuvo que regresar a Santiago donde continuaría el trabajo iniciado para enviar un nuevo refuerzo.

YO SABÍA QUE FRANK CUMPLIRÍA

A pesar de que el 5 de marzo de 1957 fue la fecha acordada con Frank para que el comandante Ernesto Che Guevara esperara al primer refuerzo en la finca de Epifanio Díaz; por diferentes razones, no fue hasta el 15 de marzo que el grupo del marabuzal pudo salir rumbo a la Sierra.
Ese día, acudieron a despedirlos Haydée Santamaría y Armando Hart. Or­ganizados en las cinco escuadras, partieron 49 combatientes, pues Taras Domitro estaba en Santiago de Cuba ocupándose de las tareas de Frank y dos se habían enfermado.
Felipe Guerra Matos —encargado del traslado hacia la Sierra— recuerda que salieron a las diez de la noche en dos vehículos hasta un lugar donde esperaba Huber Matos con dos camiones de su propiedad. La noche estaba lluviosa, los camiones se atascaron en el fango y los hombres del refuerzo continuaron a pie.
Guerrita no olvida que cuando regresaba con Huber Matos en busca de ayuda, este le planteó: «que él no seguía […] “¡Esto está muy difícil y nos van a descubrir y matar!” […] Me sentí desamparado en medio de aquella arrocera, entre el fangal y con un tipo arratonado al lado mío».3
Con las primeras luces de la mañana del 16 de marzo, los hombres del refuerzo se reúnen con Ernesto Che Guevara en el lugar indicado. Cuando el Che les informa que el Comandante en Jefe le había dado la orden de hacerse cargo del grupo y llevarlo a su encuentro, Sotús —quien tiempo después traicionó a la Revolución—, airadamente le contestó que él era el jefe y entregaría personalmente el grupo a Fidel. Ante tal respuesta, con el ánimo de evitar fricciones, el Che aceptó, aunque después se ganó una dura crítica de Fidel por no hacer prevalecer su autoridad.
Al amanecer del 25 de marzo, en un lugar conocido por Derecha de la Caridad, se produjo el encuentro de Fidel con los combatientes del refuerzo. Al verlos, el Comandante en Jefe exclamó: «Yo sabía que Frank cumpliría. ¡Ahora sí somos un ejército, hemos triunfado!». Luego, Fidel fue saludando a todos y revisando cada una de las armas. La alegría era inmensa. El Ejército Rebelde alcanzaba la cifra de 75 combatientes.

Eugenio Suárez Pérez | internet@granma.cu
Acela Caner Román | internet@granma.cu

1 José Antonio Fulgueiras: El marabuzal, Editora Política, 2009, p. 26
2 Ibídem, p. 38.
3 Ibídem, p. 45.

sábado, 18 de marzo de 2017

Errores y patinazos al cuestionar informes sobre Cuba de UNICEF o la UNESCO




El País ponía en duda que Cuba tenga “el mejor sistema educativo de América Latina”, ya que “no hay estadísticas actualizadas que puedan confirmar(lo)”. Pero sí, sí las hay: la UNESCO coloca a la Isla como único país de la región en cumplir el 100 % de los objetivos de Educación para Todos 2000-2015.
Edición: Esther Jávega.

Cuba, solidaria de pura cepa

Con sobrada sencillez, sin condicionamientos y nada material a cambio, la Revolución cubana encabezada por el líder histórico, Fidel Castro, por su presidente Raúl Castro, y por el propio pueblo de la mayor de las Antillas, ha sido siempre y continuará siendo solidaria de pura cepa.
La reciente decisión de Cuba de ofrecer mil becas de medicina a Colombia, en el próximo lustro, para contribuir a la paz en esa nación latinoamericana, confirmó nuevamente el carácter fraternal y humanista del proceso revolucionario que con marcado espíritu internacionalista guió Fidel desde el 1 de enero de 1959.
Cada año 200 jóvenes colombianos -100 seleccionados por las FARC-EP y 100 por el Ejecutivo Nacional de ese país- podrán iniciar sus estudios en el decano archipiélago caribeño con el propósito de formarse como futuros galenos, y luego prestar servicios asistenciales a sus compatriotas.
Cuba cuenta con la conocida y prestigiosa Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), un alto centro de estudios creado por Fidel en 1999, y en donde se han graduado gratuitamente miles de médicos de Nuestra América, y de otras regiones del mundo.
La solidaridad y la defensa de los derechos humanos fundamentales figuran entre los legados principales que dejó el Comandante en Jefe de la Revolución cubana, tras su partida física el 25 de noviembre del pasado año.
Esa fuerza humanista es inherente a los habitantes de la mayor de de las Antillas, pese a ser un país con escasos recursos, y blanco aún del prolongado e ilegal bloqueo económico, comercial y financiero que le impone Estados Unidos desde hace más de cinco décadas.
Cuba es especialmente reconocida por su brío solidario, además de su por su dignidad, y por sus luchas en defensa de la soberanía, la independencia, la paz y la integración de los pueblos.
Su potente “Ejército de Batas Blancas”, que está presente en el más lejano o recóndito lugar del planeta tierra donde seres humanos necesiten atención médica, es otro ejemplo del humanismo de la nación caribeña.
Cuba nunca ha ofrecido lo que le sobra, sino compartido lo poco que tiene en bien de los más desprovistos, hecho que la hace ser solidaria de pura cepa.
Tampoco ha pedido nada a cambio por la ayuda o colaboración que ha prestado en diferentes esferas a numerosos países del mundo, a diferencia de gobiernos poderosos que imponen condiciones y buscan prebendas económicas o políticas.
En el caso específico de Colombia, Cuba reafirmó su reconocida vocación de paz, y justicia, al haber sido escenario durante cuatro años de las complejas negociaciones que condujeron a la firma de los históricos acuerdos sobre el fin de la larga y sangrienta guerra en esa nación de la Patria Grande.
Tras suscribirse ese pacto en La Habana, en agosto de 2016, analistas y políticos coincidieron en que los cubanos habían cumplido con sus hermanos colombianos, y también con el Papa Francisco, quien durante su última visita al archipiélago antillano, en 2015, le auguró que se convertiría en el país de la unidad y la armonía a nivel internacional.

Patricio Montesinos

La marcha a contracorriente del pensamiento crítico: comentarios desde Cuba

Ponencia presentada en el Coloquio a propósito de los cincuenta años de la revista Pensamiento Crítico

Todo espectador es un cobarde o un traidor
Franz Fanon

Como muchos de los que nacimos o comenzamos a ir a la escuela en los años 60, he buscado con arqueológica pasión cuanto testimonio o reflexión se ha publicado en Cuba sobre los conflictos y debates de nuestra segunda Década Crítica, que lo fue también para buena parte del mundo. Encuentro siempre inspiración en las polémicas que sustentaron las ofensivas y repliegues de esa década, cuyo límite histórico muchos fijan en 1968 y otros, desde Cuba, identificamos más con el mítico fervor de 1970 y sus imposibles diez millones. Fueron años de ascenso revolucionario, en que la acción política de los pueblos –representados en sus obreros, estudiantes, mujeres, jóvenes y grupos sociales marginados– muchas veces rebasó las posibilidades de la izquierda organizada para encabezar y radicalizar esos procesos.
Había una crisis de liderazgo y hasta cierto punto de credibilidad de los partidos de la izquierda tradicional, incluidas las formaciones comunistas de Europa del Este; crisis que “el socialismo real” evidenciaba en la creciente burocratización del trabajo político y el progresivo aburguesamiento mental de sus clases industriosas que tanto preocuparon al Che. Se pagó un alto precio por un ejercicio de convivencia política y coexistencia pacífica, que
[…] de tanto respetar las estructuras del sistema –económicas, sociales, culturales y políticas– se había convertido en un mecanismo más de éste, e incluso, en medida nada despreciable, en una de sus más importantes válvulas de seguridad.[1]
La sincronía de las transformaciones radicales desatadas por la Revolución Cubana; el proceso de descolonización de África; las primeras denuncias sobre la subversión cultural llevada a cabo por las elites de poder en EE.UU. y otras potencias neocoloniales, a través de fundaciones, publicaciones periódicas, instituciones culturales y académicas; la escalada imperialista contra el pueblo vietnamita; y la creciente visibilidad de nuevas propuestas teóricas anti capitalistas –ya fuese el marxismo europeo occidental o la trasatlántica cooperación intelectual del panafricanismo–, dotó de inéditas dimensiones y texturas al debate que tenía lugar en el seno de las fuerzas revolucionarias.
Como ha significado Graziella Pogolotti, “Cuba se convirtió en espacio propicio para todas las controversias que movilizaban a los partidos comunistas y los dirigentes de los movimientos de liberación nacional” [2]. Porque en ella la realidad social continuaba forzando los diques de las ciencias parceladas y las lecturas encartonadas del marxismo. La Filosofía, la Historia, la Economía, la Sociología y la Ciencia Política tuvieron que ampliar sus cauces y desembocar en una amplia gama de saberes, que eran patrimonio cultural del campesino, ahora dueño de la tierra; de las mujeres, amnistiadas tras una milenaria condena patriarcal; de los estudiantes insurrectos contra el autoritarismo y de los obreros que se comportaban como dueños. Coincido con Fernando Martínez Heredia en que la marcha unida del espíritu libertario y el poder revolucionario durante poco más de una década, produjo efectos muy significativos en la cultura política de dos generaciones de cubanos [3].
Decenas de miles de brigadistas Conrado Benítez desfilaron por la antigua Plaza Cívica, en representación de 300 mil alfabetizadores y activistas, para informar a Fidel el cumplimiento de la tarea asignada. La derrota de los mercenarios en Girón amplió la grieta de la hegemonía imperial en América Latina. Las tres maratónicas sesiones de la Biblioteca Nacional construyeron, sobre los sueños y las angustias de una época, el consenso necesario para que la Revolución lo trascendiera todo. El Che alentaba las búsquedas de un modelo de gestión empresarial libre de trampas capitalistas. Y el otro Guevara, desde el ICAIC, develaba las múltiples capas que puede tener la ideología. El ejercicio de la política se expandió en cuanto espacio social podía albergar una asamblea; la gente se reunía sin otro propósito que leer, comentar o discutir; fundaba revistas y suplementos culturales; demandaba libros; sintonizaba la radio y, los que podían, la televisión para recibir las orientaciones de Fidel en vivo y en directo.
La revolución es una práctica política trascendente de la teoría que la precede y está obligada –para ejercer la hegemonía en el campo de las ideas y no solo de la acción política– a construir su propia teoría. El nacimiento de Pensamiento Crítico debía contribuir a la satisfacción de esa necesidad. Una exigencia cuyas insólitas dimensiones fueron esbozadas, en lenguaje poético, por un combatiente revolucionario que ejercía con singular modestia la presidencia de la República. Según Osvaldo Dorticós, aquellos jóvenes debían “incendiar el océano” [4], aunque no supieran todavía cómo ni con qué.
En febrero de 1967, cuando sale a la calle el primer número, el promedio de edad del equipo fundador de Pensamiento Crítico era de 26 años y medio. La joven Thalía, con 32 años, era la más veterana y los 19 de Rostgaard le convertían en el más bisoño del grupo. Pero no podía decirse que fueran “primerizos” pues los currículos de la mayoría exhibían ya honrosos galardones: alfabetizadores, milicianos, macheteros, y graduados del curso emergente de profesores de Filosofía. Pero pertenecían, en primer lugar y sobre todas las cosas, a esa casta de trabajadores políticos que denominamos ideólogos.
Ninguno de ellos tenía algo que perder ni lamentaba demasiado haber carecido de edad u oportunidad para escalar la Sierra. Estaban persuadidos –Fidel los convenció– de que aquella era su trinchera desde que junto a él fundaran Ediciones Revolucionarias, la noche del 7 de diciembre de 1965. No habían olvidado que “[…] la revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella […]”,[5] por lo que estaban dispuestos, como propuso el Che, a construir una teoría revolucionaria “sobre la base de algunos conocimientos teóricos y el conocimiento de la realidad” [6].
Siendo tan jóvenes, ya habían tenido algunos “problemas ideológicos”, según el inflexible parecer de compañeros responsables pero poco dialécticos. En enero de 1964 renunciaron a enseñar con HISMAT y DIAMAT, los manuales cuya codificación hoy nos recuerda ciertos jarabes difíciles de tragar. En el periodo lectivo 1964–1965 ensayaron un curso experimental con textos de Marx, Engels, Fidel, el Che, Ho Chi Min, Gramsci y José Carlos Mariátegui, el mismo a quien la Internacional Comunista había tildado de revisionista en 1934. Entre marzo y abril de 1965, reprodujeron con un mimeógrafo el discurso del Che en el Seminario Económico de Solidaridad Afroasiática, celebrado en Argel y lo distribuyeron en la universidad, acción que les hizo merecer el calificativo de “revisionistas de izquierda” [7]. Para colmo, en 1966 uno de ellos participó en la fundación de El Caimán Barbudo y otro se enzarzó en una polémica con Lionel Soto, Félix de la Uz y Humberto Pérez sobre la utilidad de emplear o no manuales en la enseñanza del marxismo. Con tales antecedentes, resulta lógico que el artículo “El ejercicio de pensar”, escrito por Fernando Martínez Heredia en diciembre de 1966 y publicado en febrero del año siguiente, en el número 11 de El Caimán Barbudo, fuera traducido por los soviéticos para uso de sus altos funcionarios [9].
Desde la trinchera de la revista, se acrecentaron las posibilidades de cumplir el encargo de Fidel, quien los alienta con su presencia, su juicio crítico e implicación personal en los proyectos más importantes. Genera mucho compromiso el empleo que Fidel hace del Departamento de Filosofía, Ediciones Revolucionarias y Pensamiento Crítico como engranajes de una misma maquinaria que ha de aportar lo suyo a la construcción y difusión de la Ideología de la Revolución Cubana que el Che reclamara en 1960.
La sustitución del curso de Filosofía Marxista por el de Historia del Pensamiento Marxista, no fue un pedante ajuste semántico, sino muestra de la voluntad de los miembros del Departamento de repensar y difundir una ciencia social que, partiendo de la Historia, empleara como brújula la práctica revolucionaria. La decisión estaba en sintonía con la revista, en la cual Fidel y el Che fueron los autores más publicados, mientras Carlos Fonseca Amador y Roque Dalton eran, además de asiduos lectores, entusiastas colaboradores.
Estudios específicos merecen las sinergias e interinfluencias que establecieron la labor profesoral en el Departamento de Filosofía, la gestión editorial emprendida desde Ediciones R y el trabajo ideológico a gran escala, empleando como instrumento una publicación mensual que tuvo como promedio 218 páginas y, tras comenzar con una tirada de 4000 ejemplares, alcanzó en pocos meses la cifra de 15 000. Hoy, en que los hábitos lectores de la población cubana aconsejan tiradas mucho más modestas, es más fácil aquilatar el potencial subversivo de 15 000 ejemplares de radicales y heterodoxas ideas circulando entre la gente durante casi cinco años.
Conviene no olvidar que el marxismo de manual se planteaba la lucha ideológica solo como enfrentamiento inevitable y decisivo al sistema capitalista y sus formas materiales e ideales de reproducción, tanto en la esfera internacional como al interior de cada sociedad. Las proyecciones heterodoxas sobre los derroteros del socialismo y las discrepancias con las estrategias sacralizadas en la plataforma programática del PCUS, eran percibidas como “revisionismo” y no como estación, también inevitable y necesaria, en el proceso de construcción de ideologías revolucionarias y estrategias de toma o preservación del poder ajustadas a las acumulaciones, densidades y realidades de cada país.
Uno de los capítulos más aleccionadores de la historia del socialismo es, precisamente, el de los últimos años de Lenin como conductor del naciente y acosado Estado soviético y las formas en que evaluó, negoció y dio respuesta a la apremiante disyuntiva de ahondar la democracia en el partido bolchevique permitiendo las facciones y las tendencias de opinión, o fortalecer la unidad a costa de un desbalance favorecedor del centralismo. La prohibición de las facciones que a propuesta de Lenin se estableció como política partidaria en 1921 tuvo, como sabemos, una interpretación represiva que legitimó el aplastamiento de las opiniones discordantes y liquidó la democracia al interior del partido tras el ascenso de Stalin.
El periodo de mayor radicalización de la Revolución cubana coincide con el ocaso y posterior deposición de Nikita Jrushchov. La inconsecuente liberalidad de Jrushchov, su sesgado balance de la obra de Stalin y su tendencia a actuar precipitadamente tras una apreciación superficial de los procesos y fenómenos, justificó la puesta en orden del ala más conservadora del partido que representaba Leonid Brezhnev; recortó los límites de los cuestionamientos teóricos que podían hacerse en nombre del marxismo; y legitimó la mirada suspicaz hacia las relecturas –históricas, filosóficas e ideológicas– que proponían intelectuales como los de Pensamiento Crítico.
A diferencia de los soviéticos, que se extraviaron en los vericuetos de la coexistencia pacífica, los editores de la revista fustigaban duramente la inacción que hacía concesiones al imperialismo:
“Individuos que piensen la revolución que hacen y hagan la revolución que piensen son el germen, ya desde el combate, del hombre nuevo. En esa actitud está implícita la ambición de· totalidad científica del verdadero marxismo. A partir de ella no tenía sentido la “mala conciencia” que en Europa había generado la guerra de Vietnam, la Revolución cubana, o el movimiento revolucionario latinoamericano, realizaciones de la práctica revolucionaria y, hoy lo sabemos, precisamente por ello notables realizaciones teóricas” [9].
El Consejo de Redacción también critica el dogmatismo de la izquierda latinoamericana, a la que califica como “integrada” por su connivencia con el poder burgués, empleando en ocasiones el humor sarcástico de la juventud:
“[…] si las izquierdas tradicionales se han convertido en estatuas de sal mirando alucinadas a un pasado que no son capaces de entender en la medida en que no entienden el presente; las fuerzas nuevas de la Revolución bien pueden morir amarradas al castaño bíblico de Macondo mientras pretenden, otra vez, descubrir el hielo” [10].
He escuchado opiniones que simplifican, quizás con propósitos didácticos, las circunstancias en que Pensamiento Crítico se desenvolvió, identificando como causa del cierre “su línea editorial antisoviética”, una afirmación que considero necesario contextualizar porque en esa época tal calificativo podía generar interpretaciones polares. Cierto es que la revista estableció premeditada lejanía de la plataforma ideológica del PCUS; no publicó a ningún filósofo ni dirigente soviético posterior a Lenin y, en ocasiones, ejerció una crítica radical, casi ríspida, si estaban en juego cuestiones de principios.
Por ejemplo, pocos días después de que medio millón de personas marcharan en Nueva York y San Francisco para denunciar la agresión imperialista a Vietnam y que activistas estadounidenses irrumpieran en la bolsa arrojando puñados de dólares –verdaderos y falsos– para protestar contra la guerra y la opresión capitalista, un editorial de la revista denunciaba:
“Allí, la aviación de EE. UU. bombardea salvajemente a un país socialista sin que se produzca una crisis mundial entre imperialistas y socialistas. Síntesis del heroísmo, la barbarie y las miserias de nuestro tiempo, en Vietnam se libra un encuentro trascendental entre la reacción y la Revolución” [11].
El distanciamiento de las posturas soviéticas es muy evidente en los textos que critican insolidaridades amparadas en intereses de política exterior; valoran las consecuencias de la falta de realismo y audacia en la labor ideológica; enjuician los estilos paternalistas y autoritarios en el trabajo con las masas; o argumentan la contribución que a las batallas anticapitalistas realizan movimientos ajenos al marxismo catequizante, como las guerrillas latinoamericanas, los Panteras Negras y las insurrecciones estudiantiles. Pero los editores de Pensamiento Crítico secundaban la herejía de un país, la absoluta independencia de un pueblo cuyo partido comunista, en un editorial dedicado al cincuenta aniversario de la Revolución de Octubre, afirmó en su órgano oficial: “[…] hoy los bolcheviques de Lenin son los guerrilleros de América Latina que están peleando en Venezuela” [12].
En un libro aún inédito de Rebeca Chávez, que combina con efectividad el discurso historiográfico y la prosa testimonial, Aurelio Alonso rememora con dolor: “[…] los dirigentes aceptaron el marxismo que defendía el PSP y no el que defendíamos (nosotros) los jóvenes, a pesar de que nos habían impulsado a pensar con cabeza propia […]” [13].
Lo cierto es que el repliegue, quizás pensado como táctica, en 1971 se había convertido en retroceso que comenzaba a afectar la ideología y la práctica política. Para esa fecha, la estrategia para fundar la autonomía económica ha fracasado; no se logra el acompañamiento político de proyectos revolucionarios nacidos de la insurrección armada, el Che ya no está y América Latina, asolada por dictaduras que se prolongarían por más de dos décadas, se resiente su ausencia. La soledad de Cuba la obliga a repensar el ejercicio del poder revolucionario, valorizar alianzas, definir los cauces por los que ha de transitar la ideología y proveer nuevas texturas al discurso político. Una poderosa señal del cambio es el Congreso Nacional de Educación y Cultura, ejemplarmente democrático en su gestación desde las bases y notoriamente verticalista en su resolución final.
Revisitar Pensamiento Crítico, cincuenta años después, permite justipreciar la capacidad emancipadora de la historia cuando es bien aprendida, bien enseñada y bien difundida; y ayuda a combatir lo que parece ser una malformación congénita de los socialismos del siglo XX: la tendencia a represar los conocimientos sobre un pasado tormentoso o trágico, en la creencia de que puede resultar desalentador para la construcción del futuro; a manejar la historia como un secreto de Estado, al decir del historiador polaco Moshé Lewin [14].
La memoria histórica está en la base del patriotismo pues nadie puede amar o sentirse orgulloso de lo que no conoce. Conocer las pequeñeces, cobardías y miserias que hubo que vencer; las traiciones que hubo que enfrentar; los enormes obstáculos que hubo que salvar, confiere a la unidad su valor máximo. Y enseña, sobre todo, que la unidad es una construcción en la que fraguan amores, compromisos y renuncias.
Repensar las circunstancias que hicieron nacer y desaparecer esta revista, releer sus textos, que no han perdido la densidad ni la pasión de esos días –a su manera, también luminosos y tristes–, ayuda a sopesar nuestras opciones ante una tarea que aún no hemos cumplido cabalmente, y que me permito sintetizar acudiendo a otro editorial de Pensamiento Crítico: “En un país verdaderamente liberado se exige, entre muchas cosas, liberar también la historia” [15].

Zuleica Romay
La Tiza

21 de febrero de 2017.

Notas:

[1] Editorial de Pensamiento Crítico, núm. 25–26, febrero-marzo de 1969.
[2] Graziella Pogolotti: “Otra década crítica”. La gaceta de Cuba núm. 1, 2013, p. 4.
[3] Testimonio recogido en el libro “Habitaciones oscuras”, de Rebeca Chávez (Inédito).
[4] Rebeca Chávez: Ob. Cit.
[5] Ernesto Che Guevara: “Notas para el estudio de la Ideología de la Revolución cubana”. Obras escogidas 1957–1967. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p.83.
[6] Ibídem.
[7] Es esta la alocución en la que el Che afirma: “[…] el desarrollo de los países que empiezan ahora el camino de la liberación debe costar a los países socialistas […] No puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una actitud fraternal frente a la humanidad tanto de índole mundial en relación a todos los pueblos a que sufren opresión imperialista […] Si establecemos este tipo de relación [comercial, de beneficio mutuo] entre los dos grupos de naciones, debemos convenir en que los países socialistas son, en cierta medida, cómplices de la explotación imperial […] Los países socialistas tienen el deber moral de liquidar su complicidad táctica con los países explotadores de occidente”. Ver: Ernesto Che Guevara: Ob. Cit., pp. 544–545.
[8] Rebeca Chávez: Ob. Cit.
[9] Editorial de Pensamiento Crítico núm. 25–26, febrero-marzo de 1969, p. 5.
[10] Ibídem.
[11] Editorial de Pensamiento Crítico, núm.4, mayo de 1967, p. 3.
[12] Granma, 7 de noviembre de 1967, p.1.
[13] Ibídem.
[14] Ver Moshé Lewin: La última lucha de Lenin. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2013.

viernes, 17 de marzo de 2017

¿Le legaremos algo a Fidel?

El anuncio de la eliminación de la posición común de la Unión Europea, la llegada del primer vuelo de American Airlines, la visita del Rey Emérito Juan Carlos y la de Peña Nieto en medio de los acontecimientos recientes posteriores al fallecimiento de Fidel; no son regalos inocentes ni casuales.
Fidel es un territorio en disputa, habrá muchos Fidel. La reacción tendrá el suyo, la burocracia también. Cada cual se aferrará al Fidel que le sea necesario en el presente que vive. Fidel tendrá que defenderse de Fidel. Su fuerza mística, si no es acompañada en los próximos tiempos de un examen minucioso de su práctica revolucionaria, se volverá inservible para la Revolución y podría servir lo mismo a la socialdemocracia que a una zona de nuestra sociedad que apuesta por un capitalismo a la cubana con una democracia formal vacía. Pero no al proyecto socialista de la revolución cubana como fue el servicio de toda su vida.
Es lógico que nos indignemos por las reacciones irracionales de un grupo de personas, que cuestionan a Fidel a partir de sus historias personales o por el resultado de los momentos más intensos de la lucha de clases. Pero no olvidemos que si una revolución es verdadera, tendrá que enfrentar la complejidad de ambas cosas. Para dar propiedades hay que expropiar, para responder a la guerra, hay que ir a la guerra. Fidel y su generación no filosofaron la Revolución: la hicieron. Cada cual escoge los muertos que le asaltarán en medio de la noche. No creamos que alguien que vive en Noruega, o cerca de la Calle 8 durmiendo con tranquilidad, no haya escogido previamente quién va a morir, de qué muertes se hará responsables y a qué horrores dará la espalda para poder vivir. Mientras no llegue la sociedad futura todos somos cómplices, cada cual decide donde vive su redención o su ilusión de neutralidad.
¿A qué Fidel debiéramos aferrarnos? ¿Cuáles son las lecciones de su conducta? ¿Qué le dicen esas lecciones de su práctica revolucionaria a la Cuba de hoy?
Uno de los aspectos más importantes de su conducta fue la apuesta toda la vida por un proyecto socialista, que pusiera el cambio cultural de las personas en el centro de la práctica revolucionaria. La aparición de los excedentes económicos no eran seguidos de procesos de acumulación capitalista, sino que estos regresaban a la sociedad en forma de programas no solo para la distribución de ingresos, también para operar cambios en las vidas y subjetividades de las personas.
Que algunos de esos programas no se hayan traducido en los rendimientos esperados por cierta visión clásica de la economía puede haber favorecido la idea de que lo más adecuado sería poner en manos del Capital lo que el Socialismo no ha podido ejecutar con eficiencia. El Socialismo no está reñido con la eficiencia, pero esta debe estar subordinada a la justicia social y no al revés.
Las nuevas formas de propiedad que comenzaron a implementarse en los noventa no tienen un valor abstracto, sino que recomponen y configuran una nueva estructura clasista. Es erróneo suponer que se desarrollan las distintas formas de propiedad de manera armónica, porque las relaciones entre clases antagónicas nunca se desarrollan de ese modo. Una cosa es considerar que no queda más remedio que hacer uso de mecanismos del Capitalismo para el desarrollo; otra cosa muy diferente es suponer que el Socialismo se mantendrá intocable en medio de ese escenario. Hay procesos de naturalización que se irán dando sin que ni siquiera se decida que ocurran.
Al mismo tiempo que se asumen otras formas de propiedad, se debe buscar el modo de que aquellas de contenido socialista estén cada vez más en posibilidad de disputar la hegemonía. A su vez, ello implica cuestionar el supuesto de que la propiedad estatal es por su esencia socialista, cuando lo que define la intensidad de lo socialista es la dimensión de la relación humana que el sujeto produce en el trabajo y, en igual sentido, el lugar que ocupan sus decisiones en la producción.
Él entendió y practicó un poder revolucionario fuerte. Este incluye crear una fuerza material lo suficientemente contundente como para garantizar la defensa de lo conquistado. Un proyecto revolucionario que deje intactas las fuerzas materiales que acompañan al Capital, está condenado a verse limitado en el mejor de los casos. En el peor, con el tiempo desaparece o es reducido a sangre y fuego con regímenes de seguridad nacional o de otro tipo. Al mismo tiempo que se crea esta fuerza material en forma de ejército popular,el poder revolucionario tiene que asumir la creación de un poder paralelo o endógeno que despliegue la sociedad de nuevo tipo. Para ello hay que desatar la mayor cuota de creatividad posible.
Él y su generación se dieron cuenta que solo la austeridad personal y la entrega desinteresada unidas a la creación y profundización de una conciencia revolucionaria, pueden garantizar la mayor cuota de consenso. Al interés por las aspiraciones populares hay que unir la integridad a toda prueba unida a la aparición de una subjetividad de nuevo tipo. La corrupción que combatieron, proveniente de la república burguesa, la entendieron como un resultado de las exigencias del sistema de dominación capitalista y no solo por una cuestión de honestidad. La lucha contra la corrupción es un componente esencial del cuestionamiento a la sociedad anterior. En los momentos más difíciles solo se puede mantener el consenso de millones de personas a través de la consagración a principios esenciales.
Por otro lado, para él se hacía esencial la unidad en el campo revolucionario. Esa unidad se teje minuciosamente, combinando flexibilidad con diseños de consenso que incluyan la mayor discusión posible, el ejercicio de un poder subordinado a la revolución misma y no al revés. Lo cual hace que no sea una nomenclatura, o un individuo, quien defina al enemigo, sino que esa definición es un resultado de la lucha política.
La práctica internacionalista en él, es una escuela para los revolucionarios, el modo en que cada sujeto puede participar de la lucha mundial frente a la explotación despiadada del Capital. Este internacionalismo tiene que hacerse, además, primando el sacrificio personal y no los beneficios que de él se deriven a nivel material. Solo así, en la persona que lo practica, se producen los cambios donde renuncia a su cuota de narcisismo nacional.
Mostró que la paz no es una abstracción. Vale la paz que se acompaña de justicia social y de independencia. La verdadera paz, sin entrar a analizar el método específico por el que se le obtiene, solo puede ser a través de la lucha. La paz que ofrece la dominación es una escena ilusoria, donde queda la mesa servida para que el estado siga asesinando en la sombra mientras combina esto con camisas de blanco y discursos patrioteros.
En su práctica, ninguna problemática de la dominación actúa por aislado; todas las dominaciones específicas son formas de expresión del dominio del Capital. Pudo haber dominación de la mujer antes del capitalismo, pero aquella asume contenidos específicos en la hegemonía del Capital. Incluso cuando aparentemente se le libera.
La lucha contra el imperialismo, en su prédica, es una lucha frente a los Estados Unidos pero le trasciende: es esencialmente una lucha contra el sistema de dominación imperial. El antiimperialismo es una necesidad de todo proyecto socialista; y a su vez solo la lucha por el socialismo le otorga un contenido particular que no estaba dado en otras formas de antiimperialismo. Podríamos decir que el socialismo es la fase superior del antiimperialismo, pues trasciende la dominación de un país en específico sobre otro y llega hasta la dominación que se ejerce por los poderes financieros internacionales, a través del Banco Mundial, el FMI y de otros mecanismos menos visibles. El sistema de dominación imperial incluye hasta a los países de los llamados “estados de bienestar”. Por ello es una ilusión pensar que a Cuba le pueda corresponder una especie de “socialismo nórdico” o de “estado de bienestar” pues está en la órbita de los países subdesarrollados.
Ahí es donde aparece otro elemento fundamental en su pensamiento: el subdesarrollo no es una fase del desarrollo de un país sino que es una de las funciones del desarrollo. No puede existir la tranquilidad económica de las economías del primer mundo sin la opresión y subdesarrollo de la mayoría del mundo. Incluso, si Cuba se desarrollara en el modo de los estados de bienestar general sería solo si entra dentro del sistema de la normalidad capitalista que le rodea.
En sus críticas contra la democracia formal declarativa y en abstracto, esta es una farsa utilizada por la dominación mientras el Capital tiene la vía libre para actuar. Cualquier democracia real, cualquier cuota de justicia ganada, solo es posible a través de la lucha, no las produce un republicanismo leguleyo. Sola, la revolución cubana pudo trascender los límites de la democracia que venía como tradición. Cualquier forma de democracia política en profundidad que se realice en Cuba, debe tomar la tradición de la revolución cubana para trascenderla y dotarla de nuevos contenidos; pero esto debe hacerse al mismo tiempo por oposición a las formas democráticas al uso en el mundo.
Se dio cuenta, y lo llevó a la práctica, que las revoluciones se ven obligadas a crear instituciones de nuevo tipo con contenidos específicos e identidades propias, subordinadas al proyecto socialista. Estas instituciones, a la vez que garantizan la defensa frente a las adversidades, tienen que generar relaciones de nuevo tipo. Tienen que ser cuestionadas de manera permanente si quieren conservar su hegemonía, o crearla ahí donde hubiera retrocesos. El liderazgo en este contexto funciona como una especie de poder paralelo, que interpela constantemente a la institucionalidad cuando esta pierde vínculo con los sectores populares.
Para él se disputa el socialismo en todos los espacios de la sociedad, no en una parte o en alguno de ellos en específico. Eso no quiere decir que se haga en todos los órdenes del mismo modo. Pero no es como si se pudiera pretender que se defiende una parte conquistada y se entrega otra. No podemos amurallarnos en las “conquistas históricas”; tenemos que intentar profundizarlas, llevarlas más allá, por oposición a reformarlas o hacerlas más viables desde el punto de vista puramente económico, y realizar otras que no estaban anteriormente. Si la revolución no va más allá de sus límites, si no se plantea impugnar los moldes establecidos y no lo realiza en la práctica, no podrá defender ni lo conquistado.
Si convertimos a Fidel en algo tan suave, tan humano, tan cálido, sin hacer énfasis en su personalidad de revolucionario capaz de subvertir los moldes establecidos, lo podremos volver inservible. Él asumió el destino agónico de los verdaderos revolucionarios, y como tal tenía que fabricarse adversarios. No nos conviene que se quede sin adversarios. Ojalá en los próximos años no lo castiguen con un Premio Nobel del la Paz. El entendió que la “guerra era la paz del futuro”. Siempre entendió que la lucha tenía que estar asociada a la movilización de masas, la guerrilla era la vía para desatar las fuerzas del pueblo en el momento indicado. Cuando dijo, en medio de una nueva coyuntura, que ningún problema podía resolverse por la vía de las armas dijo al mismo tiempo que el método de luchas tenía que ser fundamentalmente la movilización de masas. Nos dijo no usar las armas en un cambio de coyuntura, no que dejáramos de luchar. ¿Quiere la paz? luche por ella, eso fue lo que dijo al mundo de los oprimidos.
Hay que analizar cada elemento de su pensamiento y de su práctica, las circunstancias que le rodearon y los límites de esa propia práctica. Si uno analiza en profundidad la cantidad de factores en juego durante todos estos años y las decisiones en medio de los distintos escenarios, se da cuenta que la única manera de aprender tenía que ser equivocándose. Ahora, idealizarlo sería invalidarlo y no respetar su voluntad de no querer estatuas.
La relación pueblo-líder-partido tiene peculiares características en su ejecutoria, pero tiene también su límite. Se hace necesario generar estructuras nuevas, o que se reinventen las ya existentes cuando sea posible. En el imaginario colectivo circulaba la idea: “si Fidel se entera”, “si Raúl se entera”: una forma de escape subjetivo donde la gente se refugiaba ante la ausencia de un proceder democrático. Por esta vía se personaliza el control popular de una manera condenada a fracasar. Debe buscarse la manera en que todo sea sometido al control popular socialista más profundo, mientras que al mismo tiempo se garantiza el poder conquistado. Y tienen que ser las dos cosas a la vez.
Cuando Fidel y sus compañeros llegaron al poder, se vieron obligados a inventar, a crear. Ni cuando durmieron ellos más cerca de los manuales, pudieron dejar de ser subversivos. Claro que se equivocaron en algunas cosas; no nos preocupemos: ya tendremos nosotros nuestras propias equivocaciones si no las tuvimos ya.
Pero ahora tenemos un acumulado cultural, que no existía cuando recorría todo el país la Caravana de la Victoria. Se crearon instrumentos para subvertir la práctica que no existían previamente. Él y sus compañeros de lucha no se tomaron un cafecito mientras depuraban su estilo a lo Mañach1, sino que se impusieron la agonía de la travesía sin ninguna certeza.
No tuvieron tiempo ni siquiera para analizar la distancia entre su tiempo y el nuestro, para ellos el tiempo fue siempre de la misma violenta intensidad. No pudieron sobrevivir como el abate Sieyes2 en los márgenes de una Revolución enorme. Enfrentaron la agonía de su época y tuvieron que pelear y unir a la gente al mismo tiempo.
Es cierto que Fidel nos legó mucho. Nosotros, los que queremos defender y profundizar el proyecto socialista de la revolución abrazados a Calibán y frente a Próspero y Ariel,3 ¿le legaremos algo a Fidel?

Josué Veloz Serrade
El Caimán Barbudo

Notas

1. Participante en la Protesta de los Trece. Fue, además, miembro importante del grupo Minorista; pero la radicalización del movimiento de jóvenes encabezados por Villena y bajo el influjo de la labor revolucionaria de Mella, hace que sus caminos se vuelvan cada vez más opuestos a los de Jorge Mañach. La revolución cubana del 30 hará ya irreconciliables al núcleo de Roa, Pablo de la Torriente Brau, y el mismo Villena, con la figura de Mañach. Terminará incluyéndose en el campo de la reacción y oponiéndose, después de 1959, a los presupuestos de la revolución cubana. Ver en: http://www.ecured.cu/Jorge_Mañach
2. Fue una figura importante dentro de la Revolución Francesa de 1789. Su obra intelectual condenaba los privilegios del antiguo régimen y tuvo una participación importante en la redacción de los Derechos del Hombre y el Ciudadano. La radicalización de la Revolución lo llevó a defender posturas más moderadas, desde el liberalismo. Hizo una contribución importante para la llegada de Napoleón Bonaparte al poder y terminó integrándose a las estructuras creadas por este. Ver: “El Abate Sieyes”. En: http://www.bdigital.unal.edu.co/42037/1/12066-30510-1-PB.pdf
3. Personajes presentes de La tempestad, pieza teatral escrita por William Shakespeare. Calibán representa junto a Próspero el par dominado- dominador. Próspero representa en esta lectura la modernidad capitalista, que puede estar contenida en las contradicciones culturales propias de la transición socialista. Ariel es la representación de la sabiduría y de la inteligencia, su romanticismo y representación de la razón pueden ser asociados al lugar que ostenta dentro de una sociedad el trabajo intelectual. Ver: Roberto Fernández Retamar: “Calibán: Apuntes sobre la Cultura Nacional”: http://www.literatura.us/roberto/caliban3.html

Josué Veloz Serrade es Ms. C Psicología Clínica, Profesor del Programa FLACSO-Cuba y de la Facultad de Psicología en la Universidad de la Habana. Es colaborador de la Cátedra Gramsci del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello.