sábado, 20 de junio de 2009

PRESENTACION DE LOS ESCRITOS POLITICOS DE CELIA HART


Para quien quiera comprender a cabalidad los interesantes años de la primera década del siglo XXI, en América Latina, es obligada la lectura, o relectura, de los Escritos Políticos (2003 - 2008) de Celia Hart Santamaría.
Celia, quien falleciera en un trágico accidente en La Habana, en septiembre de 2008, fue durante un lustro una de las escritoras políticas más leídas y prolíficas del continente gracias a la magia de la internet, por la que llegaba a un público internacional, burlando el bloqueo cultural, político, económico y mediático que se cernía sobre su querida isla revolucionaria, Cuba. Los periódicos digitales Rebelión, Aporrea y Kaosenlared guardan secciones especiales con sus artículos.
Celia, tiñó sus escritos con una frescura y calidez humana de la que suelen carecer los analistas políticos más reputados, sin que ello menguara para nada la profundidad de su pensamiento. Por el contrario, ese carácter abierto, a veces jocoso, a veces airado, pero siempre optimista y nunca neutral, le permitía la transmisión de su mensaje con una efectividad nunca alcanzada por las “plumas” fríamente analíticas.
Muchos nos acercamos a sus ensayos movidos por la curiosidad: “una tortskista cubana” y, para colmo, “hija de dos dirigentes de primera línea de la revolución”, Haydée Santamaría y Armando Hart. Era la comidilla en las tertulias. Había que leerla. La mórbida curiosidad se fue transformando en respeto, conforme la conocíamos y ella misma maduraba con cada página. Otros, los menos, no vacilaron en sus críticas e imprecaciones, que nunca hicieron mella en ella y, por el contrario, las asumía con el estoicismo de su compromiso revolucionario.
Ella misma nos ha contado cómo se hizo trotskista al llegar a La Habana, a mediados de los años 80, decepcionada de la República Democrática Alemana, donde había estudiado física, y cómo su padre abrió un anaquel en el que guardaba bajo llave algunos libros de León Trotsky, los cuales le entregó para ayudarla a comprender y superar su crisis de convicción.
Pero esas lecturas le tomarían todavía algún tiempo para que fermentaran en su mente y florecieran en el compromiso político cabal que asumió con sus artículos. El más antiguo de los cuales, que hemos podido encontrar, data de Diciembre de 2003, publicado en inglés por la corriente The Militant (“The flag of Coyoacan”). Desde su título es una reivindicación del revolucionario ruso.
Madurez que le llegó en México, no por casualidad, donde hizo su doctorado y entró en relación con diversas corrientes trotskistas (llegó a conocerlas a todas), pero principalmente con la encabezada por Alan Woods, con quienes se relacionó estrechamente al principio y quienes le publicaron sus primeros artículos en el periódico El Militante y a quienes agradeciera en una emotiva carta, poco tiempo después, el que le ayudaran a encontrar su verdadera vocación.
La médula del trotskismo de Celia Hart se encontraba en su convicción de que el futuro de la Revolución Cubana estaba asociado al proceso revolucionario mundial y continental. En ese sentido, era plenamente conciente de la imposibilidad del “socialismo en un solo país”, que fue el centro de la crítica de León Trotsky contra el régimen de José Stalin en la URSS.
Por esa razón Celia vio con entusiasmo los nuevos movimientos políticos que estremecieron a Latinoamérica a fines de los años 90 e inicios de la siguiente década. Para ella, la esperanza renovada de la Revolución Cubana, y la superación de los duros años del “período especial”, estaba en la Revolución Bolivariana encabezada por el presidente Hugo Chávez, en Venezuela.
La entrada en escena de las masas populares latinoamericanas, luego del interludio neoliberal y la depresión de la izquierda post “caída del Muro”; las grandes luchas sociales de la segunda mitad de los 90 en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, México inclusive; y el consiguiente triunfo electoral de nuevas direcciones políticas que expresaban a su manera estos procesos (Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, etc.); representaron para Celia Hart la convicción de que el proceso revolucionario latinoamericano seguía vivo y que la Revolución Cubana tenía futuro.
Dos figuras históricas simbolizaban la reivindicación de la revolución socialista como un proceso internacional, necesariamente solidario y consecuentemente antiimperialista: León Trotsky y Ernesto Che Guevara. De la reivindicación de sus aportes y la simbiosis de los mismos, hizo Celia su eje de trabajo.
Celia se estrena y se convierte en un referente obligado con “El socialismo en un sólo país y la revolución cubana”, publicado el 11 de mayo de 2004, en el que hace una comparación entre los fracasados regímenes de Europa del Este y la Revolución Cubana (siempre la escribió con mayúscula). Allí se marca con claridad el eje de su aporte: la Revolución Cubana pervive, contrario a los regímenes de Europa oriental y la URSS, porque se mantiene fiel a los principios de la Revolución Bolchevique.
En ese ensayo también aborda el paralelismo entre sus dos figuras históricas fundamentales: el Che y León Trotsky (a los que hay que agregar Martí y el propio Fidel). Dice: “No creo que exista una aplicación práctica más consecuente de la revolución permanente” que la realizada por el Che al dejar Cuba para seguir combatiendo por otras revoluciones en otros países.
A Celia le impresionó mucho la similitud de ideas entre Che y Trotsky a propósito de la economía de transición al socialismo. Admiró de manera particular el libro de Carlos Tablada: Ernesto Che Guevara, hombre y sociedad. El pensamiento económico del Che, el cual le tocó el honor de prologar en una edición posterior (“Un libro salvado del mar”, 16/6/05).
Ver la Revolución Cubana bajo el prisma del trotskismo, superando las meteduras de pata del “posadismo” de los años sesenta, o de trotskistas de verdadera talla, pero cuyos visiones sobre la isla revolucionaria siempre parecieron incompletas (como Ernest Mandel, Pierre Lambert o Nahuel Moreno), hizo de Celia Hart Santamaría un referente obligado.
Esta perspectiva aportada por Celia se mantuvo constante y alcanzó mayor profundidad en posteriores artículos, de los cuales me parecen los más relevantes: “La defensa de Cuba pasa por la revolución socialista en Latinoamérica y el mundo” (8/10/04), “Welcome... Trotsky” (25/8/05), “¿Fue el Movimiento 26 de Julio un Partido Comunista?” (19/6/05), “Profundizar la revolución socialista: única vía de salvarla” (13/12/05), “Reflexiones trotsko-guevaristas de una cubana” (18/5/07) y “El Che, Trotsky y mi reflexión favorita de Fidel” (15/9/07).
En estos ensayos se aborda, más que una perspectiva hacia el pasado, un agudo análisis del presente y un programa o curso de acción para vencer los problemas que enfrenta Cuba socialista.
Celia Hart le entró sin miedo al debate actual, abierto por la propia dirección del PCC, sobre la economía cubana y qué curso seguir, tomando partido contra quienes abogan por una apertura al mercado, siguiendo el modelo chino: “¡Que el Che nos agarre confesados a 40 años de su asesinato! Si es que nos meten el cuento chino (chino con toda la intención de la palabra), de que trabajar bajo los resortes mercantiles... es la vía para construir la nueva sociedad” (“El Che, Trotsky y mi reflexión favorita de Fidel”).
Contrariamente al “socialismo de mercado”, Celia, cita profusa y reiteradamente a Trotsky y al Che para sostener que el momento exige mayor planificación centralizada, máxime si se abren ciertas áreas a la economía de mercado. Por otro lado, ella comprende claramente que el futuro socialista de Cuba no está en el aislamiento (“el socialismo en un solo país”, como sostienen los estalinistas), sino en la extensión del proceso revolucionario a otros países. Seguramente por eso se hizo trotskista y encontraba una complementariedad entre lo propuesto por Trotsky el Che.
La preocupación frente a una posible restauración capitalista en Cuba también fue persistente en ella y ocupó el centro de sus escritos últimos, como en “El signo de los cambios... en Cuba” (7/7/08) y en “Cuba, en marcha revolucionaria... y sin Fidel” (26/8/08) escrito para Revista de América, publicación de vertiente morenista, con quienes se relacionó en el último año de su vida, en especial a partir del referendo constitucional venezolano de diciembre de 2007.
Sin embargo, es necesario tener presente que cualquier opinión y perspectiva crítica de Celia siempre tuvo como marco el propio proceso revolucionario cubano. Siempre se ocupó de dejar en claro que sus opiniones “totsko-guevaristas” se hacían desde el tronco mismo de la revolución dirigida por Fidel y bajo su conducción política. Y jamás permitió que pudieran ser utilizadas por los enemigos externos y los “gusanejos” de Miami, como los llamó.
Al respecto es ilustrativa la nota que envía al diario El Clarín de Buenos Aires, el 29 de agosto de 2008, poco antes de su muerte, en el que deja claro, entre otras cosas, que: “Los dirigentes comunistas cubanos que han llamado a cambios dentro de la revolución, con vista al próximo Congreso del PCC son Fidel Castro y Raúl Castro...” (“Lo que no dice Clarín”).
Celia también nos trazó múltiples retratos de las figuras prominentes de la Revolución Cubana, muchos de ellos cargados de anécdotas vividas por ella misma, no sólo sobre sus propios padres, Haydée y Armando, sino también sobre Celia Sánchez, Vilma Espín, su tío Abel, el propio Che y, como no... Fidel.
Ella solía decir que, lo que más le molestaba, fue que le quitaron su carnet del Partido Comunista de Cuba cuando se hizo trotskista. “¡Mi carné firmado por Fide!l”, exclamaba. Porque ella era del partido de Fidel, al menos mientras él viviera. Su “fidelismo” incondicional, sin duda, era herencia directa de Haydée.
Los artículos de Celia constituyen una fotografía, o para usar una mejor metáfora, una toma (fílmica), de la Latinoamérica de esta primera década del siglo XXI. En ellos se siguen y reflexionan los momentos más conmovedores del proceso revolucionario bolivariano de Venezuela, dirigido por Hugo Chávez, que tanto ha influido a la presente generación. Ella lo siguió paso a paso, desde el referéndum revocatorio de 2004 (“El 15 de agosto tomamos el Palacio de Invierno”) hasta el referéndum constitucional de diciembre de 2007, al que le dedicó varias notas (“Sobre medusas, caracoles y Venezuela”).
Su declarada admiración por la Revolución Bolivariana, en algún momento dijo que las revoluciones cubana y venezolana eran como “un sistema doble de estrellas” (no olvidemos que era física de profesión); así como su afecto hacia el presidente Chávez, no le nubló nunca la razón, ni le impidió criticarlo cuando, por ejemplo, éste señaló que la lucha armada de las FARC en Colombia constituían un método pasado de moda (“El sacrificio de los hombres no se mide por las revistas de moda. Una nota para el camarada Hugo Chávez”).
En la hora oscura que vive Colombia bajo el régimen de Álvaro Uribe Vélez, mientras muchos renegaban de las FARC, Celia mantuvo su apoyo moral a los legendarios guerrilleros, dedicándoles sus reflexiones en los duros momentos del asesinato de Raúl Reyes y la muerte de Manuel Marulanda, Tirofijo. Al momento de su muerte planeaba un viaje a Caracas, donde se inauguraría un monumento en homenaje al máximo dirigente de las FARC.
Su honestidad revolucionaria se evidenció con claridad al defender a Ernesto Cardenal de los arteros ataques del gobierno de Daniel Ortega y, su crítica al sandinismo reciclado (”Elecciones rosa en Nicaragua”, artículo que dedicó a la memoria de Carlos Fonseca), le costó que le negaran la visa para entrar a ese país en julio de 2008.
El conjunto de artículos de Celia Hart Santamaría, compilados aquí bajo el título de Escritos Políticos (2003 – 2008), con toda seguridad serán de provecho para sus lectores, pues constituyen una escuela política ilustrativa y amena. Hemos procurado hacer las menores correcciones posibles para mantenernos fieles a su estilo, más marcado por los apuros del momento político que requería respuesta inmediata, que por la pulcritud del escritor de gabinete. La forma en que Celia hacía las citas bibliográficas constituyó un reto especial, pero hemos preferido dejarlas en lo posible tal cual.
La compañera Celia, sin duda, como cualquier ser humano tendría muchos defectos y debilidades, pero todos ellos se empequeñecen al lado de sus tremendas virtudes. Para ella, lo decía con orgullo, el ejemplo de sus padres, de su tío Abel, de la valerosa generación del Moncada y, por supuesto del Che, marcaban la pauta moral de comportamiento que debía seguir un revolucionario consecuente. Ella vivió bajo esos criterios.
Por eso la muerte la encontró redactando, la madrugada del infausto 7 de septiembre, una resolución de Revista de América en apoyo a los cinco cubanos presos en Estados Unidos.
Esta compilación de Escritos Políticos (2003 2008) evidencia que Celia Hart Santamaría fue más que una brillante escritora, fue una consecuente militante revolucionaria que usó la palabra como un arma de combate.

Olmedo Beluche
Panamá, enero de 2009

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